¿Y mi condón, dónde está mi condón? Espera, deja, me lo acomodo, no seas desesperada.
Sin él no lo hacemos, que le digo a mi mujer si te embarazas. Además las infecciones andan en cualquier parte. Los chupetones no, espera ya encontré el condón. Acomódalo y si quieres me besas como tu sabes hacerlo.
No, por favor, no te quites tu ropa, me gusta verte de blanco. Te queda muy bien el uniforme de enfermera y me provoca una excitación mayor, permíteme déjame quitar las cosas de mi escritorio.
Sabes, creo que debemos profesionalizar nuestra relación de amantes y ser más hipócrita con mi mujer. Te parece bien que nos escapemos este fin de semana a Veracruz. Ya tengo el pretexto ideal para mi casa. Le diré que es por cuestiones de trabajo. Le voy a pedir a mi amigo Gabriel que me hable por teléfono a mi casa, se va a hacer pasar por mi jefe y dejará el recado con mi esposa, ella me lo va a dar cuando llegue y voy a hacer un berrinche espantoso, voy a hablar mal de mi jefe y por supuesto me lo va a creer y hasta me va a prestar su coche nuevo.
Dedo de confesar que en ocasiones me siento mal por mi comportamiento, pero ella se ha llenado de grasa, arrugas, de sueño, dolor de cabeza y boca grande sólo para reprocharme más y más. Ya se olvidó de la pasión que nos unió y que prometimos que no la íbamos a extinguir, yo sigo igual de temperamental como antes pero ella duerme en un témpano de hielo. En cambio tu tienes la lengua corta, la falda ligera y el aliento fresco.
Cuando estaba malito apareciste tu, con tu uniforme de enfermera, sabía perfectamente que el tiempo nos iba a unir y de que forma. El primer contacto fue genial, como lo recuerdo, hasta tenía miedo de no responder como hombre porque siempre me impones con tu belleza y ojos color miel. La noche fue espectacular, pero lo grave fueron los brillitos que me dejaste impregnado en mi rostro. Esos no se quitan con nada y creo que lo hiciste a propósito, lo mismo que un leve chupetón en mi hombro izquierdo y hasta puedo apostar que lo estabas disfrutando al imaginarte la escena de reproches de mi mujer metida en su bata gris y llena de grasa en el rostro. Si, tienes razón, esas cremas antiarrugas ya no funcionan en ella y si acaso la plancha puede ser la solución.
No soy tan cínico, soy realista, además ella también tuvo su amante, por cierto creo que quiso chuparle su juventud, pero fue al contrario él le chupó su cartera y a pesar de saberlo le seguía depositando. Esperaba que se fuera con su amante o por lo menos que le contagiara un poco de pasión, pero eso nunca sucedió. Lo se porque encontré el estado de cuenta de su tarjeta de crédito con compras masculinas que nunca fueron para mi y trató de dormirme con cuentos de hadas.
Pero yo te prometo que siempre estaré a tu lado. Sabes, he conocido espacios que la vida me tenía prohibido y es gracias a ti. Hacerlo en mi coche ha sido genial y más con el temor de que nos encuentre la policía. Tu y tu uniforme blanco lleno de pasión, de ternura, de aventura. Por eso creo que nos vamos a divertir de lo lindo en Veracruz.
Oye, no me destapes que se mete el frío y no insistas con el chupetón y mejor ponte nuevamente tu bata de enfermera para que levantes mis bajas pasiones antes de que se haga más noche, porque te tengo que ir a dejar a tu casa y no quiero saber como se ponen tus papás. Ah ya me acordé que les dijiste que tenías un turno extra, pero yo si tengo que llegar a la mía.
Creo que me está ganando el sueño, te parece si nos dormimos un poco y me despiertas, tu tienes el sueño más ligero.
¡Que!, ya es hora de despertar... humm que sueño…
- Don Juan, ya es hora de levantarse, tiene que ir a desayunar con los demás ancianitos. Recuerde que hoy es día de convivir con los nietos de la escuela Miguel Alemán y les traen dulces, porque el asilo se abre a las 10 de la mañana.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario