lunes, 4 de octubre de 2010

Yo soy Evita Perón

Su voz temblaba y en su rostro se observó el primer signo de rabia. Una mueca que jamás habría de desechar ni con el pasó de los inviernos dio a luz como un parto difícil, complicado. Sus ojos claros tornaron rojos y su proyección rebotaba en la pared color crema inundada de cuadros baratos y al centro la imagen de la virgen del Camino.
El inmenso calor la transformaba y detrás de esa carita de madrina de teletón aparecía la diosa Hera, la legítima esposa de Zeus, malhumorada reina del Olimpo. Protectora del matrimonio, es envidiosa y a veces celosa-desde luego, con motivos-de su donjuanesco marido.
Los humos del mismo infierno acabaron con el puritano oxigeno de la sierra norte. Parecía que a su desmayo en lugar de regresar en si, retornó en un no. La sola idea de acabar con los sueños que se forjaron hace casi tres años la estaban trastornando y los ojos claro estaban desorbitados. Apretó fuertemente el vaso con la mano derecha y lo estrelló en una de las paredes color crema.
- No te puede hacer esto el partido, que se vayan a la chingada porque no vamos a permitir que el maricón del líder imponga a otro. Tu te la mereces y eres un pendejo si te dejas.
Su lengua se enredó, salieron demonios de su boca y gritó una serie de barbaridades en contra de su partido, de su dirigente y de su gobernador al que tanto le debían.
La idea la habían concebido cuando le anunciaron que la candidatura a la presidencia municipal sería para él, cuando ella comenzó a saborear los placeres de ser el poder tras el trono en este municipio custodiado por el cerro cabezón. El plan era muy factible, porque posteriormente presionarían al partido para que lo nombraran candidato a diputado local y ella quedaría como su sustituta en la alcaldía.
Los rumores crecieron como hongos en días lluviosos y la tiranía de la maestra sacudieron los oídos más castos de la población. El propio presidente temblaba ante los momentos de ira de la dueña del poder. Todos sus movimientos estaban destinados a infundir miedo, temor y respeto como una respuesta a traumas sociales de su infancia.
Tres semanas antes de la infausta noticia la pareja recibió al dirigente del partido durante una gira en torno a la auscultación de los perfiles para los candidatos a presidente municipal y diputado local. Ella se encargó personalmente de verificar la preparación de la comida y los más importante: de los tlayoyos, la salsa y la carne ahumada.
La ceremonia era la misma: recibir a los invitados con una copa fría de vino de la región, una charla temporal en el patio y posteriormente llevarlos a la mesa con tres sillas principales para su esposo, el convidado y ella. Sabía guardar silencio en esos momentos y sólo opinar en escasas ocasiones para no robar los reflectores del presidente municipal.
Al término de cada reunión pasaba revista de los temas acordados y si por algún motivo el alcalde se le había olvidado algún punto la reprimenda sería fatal que terminaría hasta la noche con una huelga de piernas cruzadas.
El líder del partido recibió atento las observaciones de la pareja y prometió analizar la posibilidad de que el presidente municipal pudiera ser el próximo aspirante a legislador por el partidazo, lo cual dejó buen sabor de boca en la dueña del potrero y no se cansó en halagos hacia él, de la forma de cómo ha conducido los caminos del instituto y de la seguridad de un triunfo en las próximas elecciones.
Lo que nunca supo la bella dama de los ojos claros es que los nombres ya se habían palomeado una semana anterior por el que tiene palomear las listas y ese no recibe ni reproches, ni recomendaciones por sus actos, porque es simplemente el hombre que palomea.
Esa noche durmieron placenteramente después de hacer el amor de manera discreta como lo había determinado la patrona. Los dos soñaron en la silla de 5 poniente para el marido y la suplencia en la presidencia municipal para ella y juntos tratar de conquistar el mundo como la pareja explosiva que habían conformado: Pinky y Cerebro, bro, bro, bro.
Un mes después.
Los ojos claros ardieron, se llenaron de llamas cuando por un columnista del sistema dio la primera lista y su marido no estaba en ella. Le exigió al presidente que utilizara todo el poder y fuerza del municipio para demandar que le cumplieran hasta el último suspiro de sus intenciones políticas.
Los días fueron crueles y ordenó a toda su tropa que ni el saludo le dirigieran al supuesto candidato durante su visita al territorio de ella, en donde el sonido de los tambores de guerra estaban anunciando una cruenta batalla con cientos y cientos de hombres dispuestos a dar la batalla.
Una tarde los subió a varios autobuses y les ordenó lanzar cantidades industriales de improperios en contra del que había sido su invitado cuatro semanas atrás y así lo hicieron. Tal disciplina no fue soportada ni media hora y la llamada llegó a quien tenía que llegar:
- Mira presidente, o calmas a tu fiera o se adelanta la revisión de tu cuenta.
No hubo más berrinches públicos y todos se centraron en las descalificaciones en casa, en planear la venganza para hacer perder a su partido y a los candidatos que no eran sus candidatos.
Tres días después del desagravio, justo a las tres de la mañana, la dueña de la vida del alcalde se levantó como poseída y con la boca reseca, como después de fumar dos carrujos de mariguana, bajó a la cocina y enfrente del refrigerador, antes de abrirlo, repitió una y otra vez como si fuera oración: si no es para mi no es para nadie, si no es para mi no es para nadie, si no es para mi no es para nadie, si no es para mi no es para nadie.
Volvió a dormir dos horas después y cuando despertó el monstruo estaba ahí, frente a ella con su deseo que pronto se haría realidad.
FIN

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