Siempre pasa hasta en las mejores familias, todo es ternura al principio y se convierten en un pedacito de algodón pero el cansancio los alcanza y ese algodón termina en el cesto de basura lleno de secreciones amargas.
Hoy les quiero compartir la realidad reflejada en varias parejas de Puebla y quizás exista algo de ustedes en este relato o sea verdaderamente su historia que por casualidad llegó a la computadora en donde se tejió lo escrito.
Él se levantó temprano para asearse detenidamente. Afeitar su barba, preparar la fruta para llevársela al trabajo, colocar los papeles en su maletín. Se despidió de su amada mujer quien aun conservaba el peso del sueño de media noche y no alcanzó a sentir el beso que le dejó su marido antes de partir.
El buen humor lo acompañó el volante, escuchó las noticias oficialistas del noticiero radiofónico de micrófonos amarillos, sintió el agrio declive de su calidad y prefirió regresar con Canales como varios lo estaban haciendo. El rating así lo había establecido en la última medición.
Le dio la mordida al plátano y se concentró en las actividades del día: reunión con una delegada, café con un líder de la zona sur, presentación de la nueva etapa del proyecto y finalmente visita a una comunidad.
El ritual se cumplió al pie de la letra y con creces, porque lo agotar de la agenda del día las circunstancias lo llevaron a un bar a orillas de carretera en donde lo esperaba una sudada cerveza bien fría llena de tentaciones, un espiral de emociones.
Su trato, suave y terso, arrancó la sonrisa de la mujer que atendía el negocio dejando ver la falta de un diente superior. Sus kilos de más se movían de mesa en mesa sin mostrar signos de fatiga ofreciendo más cervezas, botana y cigarros a los asiduos clientes.
El fatigado aspirante a político apuró la botella con un trago profundo y sus dos acompañantes siguieron el rito sagrado de la borrachera. Una mano se posó en su hombro y le obsequió un afectuoso saludo mientras hacía funcionar las agotas neuronas para recordar el nombre de la persona que llegó a su mesa, sólo recordó el apelativo de “jaguar”. Se lo llevó al lugar en donde compartía la botella de Torres 10 con tres mujeres, una de ellas con mayor frondosidad en la parte trasera. Era la doctora del pueblo quien aprovechó su día libre para hacer de la tarde aburrida en su clínica una de mayor emoción.
El sonido de los cristales chocaron entre si y la plática respetuosa se fue tornando en morbosa y la doctora se dejaba abrazar con más fuerza por el aspirante a político en campaña. Todo estaba listo para terminar en una noche llena de desinhibiciones y quizás contarse hasta las pecas.
Casi nada los podía detener, porque uno de los auxiliares le recordó que se tenían que retirar del lugar para atender su actividad familiar. Las súplicas de terminar la juerga se hicieron constantes hasta que el político terminó por ceder a regañadientes las presiones que ejercían sobre él. Se despidió con la pena y rabia por dentro, porque la doctora había cedido más del terreno debido en una hora de constate cheque de los cristales de los vasos.
El político se subió a su vehículo y durante la siguiente hora de no dejó de reprochar a su asistente que lo hubiera sacado del lugar con el argumento de que “ya estaba lista la doctora, chingaos”. El chofer atizó el fuego con la frase que se repitió en ocho ocasiones “eres un aguafiestas”. El argumento de defensa del vilipendiado fue que su esposa lo esperaba y lo había sacado del pecado, de malos actos, quizás hasta de alguna enfermedad….
Ella sintió el beso que le dejó su marido al despedirse para atender las actividades de su apretada agenda, pero fingió conservar el peso del sueño de media noche y no hizo ningún movimiento de respuesta. Se levantó a los cinco minutos y observó por la ventana la calle y el espacio del vehículo de su marido vacío. Se metió al baño y tomó el rastrillo para dejar suaves sus piernas hasta su pelvis y enjabonó todo su cuerpo mientras planeaba las actividades del día.
Tomó su celular y escribió el primer mensaje de cariño el cual no estaba dirigido para su marido. A los pocos minutos recibió la contestación: “claro changuita, paso por ti afuera del gimnasio, ya muero de ganas de verte”.
Siguió al pie de la letra el consejo de su amiga quien decía que para ser infiel se necesitaba total discreción y siempre preferir las primeras horas del día y como tope límite las 12 horas, porque las escusas son infinitas cuando suena el teléfono: estaba en una reunión, dejé el celular en el coche, se me olvidó en la casa, lo tenía en vibrador y no lo sentí, no te podía contestar y bla, bla, bla.
Caminó una cuadra adelante del gimnasio, que nunca pisó, pero ahí dejó su coche para no despertar sospechas y subió al vehículo de la persona a quien no le entregaba pretextos, sino pasiones.
Las llantas del vehículo rodaron hacia un motel del bulevar Valsequillo que ofrecía una entrada discreta por la parte trasera. Él pagó con un billete de 500 pesos, pero el dependiente carecía del cambio y acordó entregarlo al abandonar la habitación número 19 que les había asignado.
Se sumergieron en la espiral de pasiones y dejaron que los celulares sonaran, porque sólo escuchaban el respirar agitada de cada uno de ellos extendiéndose a lo largo de la amplia cama. Sus corazones estaban a punto de salirse de sus respectivas cavidades tratando de recuperar la tranquilidad y atender las llamadas perdidas.
Se bañaron juntos y sus manos hicieron el papel del estropajo terso y se besaron nuevamente. Otra vez comenzaron el rito bajo el agua tibia de la regadera, sus manos se entrelazaron en el lavabo.
Dos horas más tarde se vistieron y abandonaron el lugar sólo con la sonrisa en los labios por la travesura que habían cometido sin ningún cargo de remordimiento, porque sabían que esto no iba a durar para siempre.
Por la noche ello recibió al marido con un rose leve de labios e inventaron diversas historias de lo que había hecho en el día. Se metieron a la cama y él buscó la suave piel de su mujer, pero ella apartó las manos con el argumento de que estaba sumamente cansada y deseaba dormir.
Ella reflexionó: no puedo tener relaciones en un día con dos.
Él reflexionó: la doctora ya estaba lista chingaos.
Fin
No hay comentarios:
Publicar un comentario