El pelo entrecano le volaba y gustaba de ser visto así, en su camioneta cuatro por cuatro color verde olivo de importación. Sus ganas de aventurero estaban reflejadas en cada parte de su personalidad, la de hombre maduro pero con gustos refinados.
Marcia fue la que me platicó de sus gustos, de sus afinidades y de las ganas que siempre tuvo en destacar en el ámbito público desde que era trabajador de una oficina de agua potable en la capital y como ella nunca me ha mentido si le creo. Tanta credibilidad tengo de ella que no dudo nunca en sus palabras ni cuando me dijo que yo besaba muy bonito y lo único que me faltó fue invitarla a un lugar de cuatro letras.
Hoy hablé con Marcia y me contó varias anécdotas del señor lingote de oro. Ella trabajó varios años con él, fue su asistente y dice que sólo fue eso, que nunca hubo algo más entre los dos que sólo relación de jefe y empleada. Yo le creo como aquella vez que me dijo que era un adorable mentiroso, pero le agradaban mis galanterías.
No me acuerdo como la conocí, pero en realidad no pasó de unos besos robados y ahora es mi confesora y consejera, además el anecdotario que tanto me estimula y me pone al corriente de los hechos de la política y de la sociedad poblana falsa como las monedas de 15 pesos.
El señor lingote de oro fue siempre afecto al poder y los beneficios que trae consigo esta posición privilegiada que da la vida. Lo vi manejando efectivamente en su camioneta cuatro por cuatro con ese aire de Mauricio Garcés, galante y fie a las chamarras de piel recorriendo la ciudad que algún día soñó en encabezar.
La primera vez mi novia me lo dijo y le creí a medias de que gustaba de asistentes altas, rubias de preferencia, de muy buen ver y con ganas de tener un mejor futuro, por lo menos en lo económico. Después yo mismo lo comprobé, porque efectivamente a su vehículo deportivo subió una exquisita dama de curvas extremas capaces de descarrilar hasta los conductores más avezados en estas curiosidades.
El señor lingote de oro tiene un caminar firme y siempre con la cabeza al frente, como si nunca creyera encontrar algo tirado en la calle, porque para él es más fácil que las cosas vengan del cielo sólo con estirar la mano. Por lo menos sus amigos los constructores se purifican con la de la franja.
Hace unos meses una amiga me invitó a una reunión de esas que sólo convocan a los políticos y a la gente media mamila y ahí vi al señor lingote de oro acompañado por una señora de su edad, con poca presencia y de escasa belleza. Como las muñecas feas estuvo siempre en un rincón, perdida y con poca luz.
Al día siguiente, en una plática de café, la misma amiga me contó que era su esposa y era la primera ocasión en que la presentaba ante sociedad y por alguna razón nunca gustaba de mencionarla o llevarla a las actividades públicas.
Mi mente empezó a crear nubes de especulaciones y conjeturas, pero sólo pude llegar a una: esa puede ser la razón por la que tiene varias asistentes y de buen ver.
Mira lo que son las cosas hay algunos que corretean la liebre y otros sin que la persigan la alcanzan, como el señor lingote de oro, quien ahora se presume una de las personas más ricas del estado.
Entre copas y más copas varios amigos establecimos de manera improvisada una mesa de discusión y sólo llegamos a una conclusión, que en un dado caso de que pudiera llegar al gobierno de la capital es capaz de llevarse hasta la catedral, la capilla del Rosario y al Señor de las Maravillas. Por supuesto que no parábamos de reírnos por la sarta de tonterías establecidas en torno al vino.
Mi amiga Marcia me ha contado tantas cosas y de conquistas que de manera frecuente encuentra a su paso. No se le escapan ni las edecanes y con su aire de Mauricio Garcés si las logra convencer.
Lo más certero es que no es una persona pobre como tu o como yo, por el contrario ha sabido aprovechar bien su posición de funcionario y en cada minuto su capital crece y crece como las ronchas.
Marcia me dijo y a ella si le creo todo, como la vez que me aseguró que nunca más haría cosas en vehículos porque la cachan los policías, que el señor lingotes de oro le llaman así, sus amigos cercanos, porque casi toda su fortuna la ha estado invirtiendo en oro, porque su asesor financiero le recomendó esta forma, segura y sin contaminarse en cuentas bancarias que al final siempre salen a relucir.
Y así lo hizo y por ello lo del señor lingote de oro.
Entre más obras, más lingotes.
Lo bueno es que ya viene navidad y luego noche buena, porque a Marcia y a mi se nos olvidarán las actividades políticas y sólo tendremos la oportunidad de disfrutar la vida relajada que dan los momentos de no esclavitud.
Mientras el señor lingote de oro tendrá que la oportunidad de sanar las faltas familiares con unas excelentes vacaciones llenas de lujo que da el poder, la armonía y la entrega a los trabajos políticos del momento.
Lo que callamos los poblanos.
Fin
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