lunes, 4 de octubre de 2010

Eres casi el hombre perfecto

Abril los había sorprendido en una discoteca, un viernes por la noche. Fernando había intentado bailar en dos ocasiones con diferentes chicas, pero sólo encontró la negativa que le dejó la moral por los suelos y estaba a punto de abandonar el lugar, porque creía demasiado en la suerte y por ello estaba seguro de que el momento no era el propicio para él. La cama sería la compañía perfecta. Apuró un trago a la cerveza que tenía en su mesa, cerca de la pista. Se tocó su cabello lacio de tono rubio y encendió un cigarrillo Palm.
En el segundo nivel de la discoteca, una mujer recargada en el barandal de metal negro le miraba desde hacía varios minutos. Fernando sintió un peso sobre su cabeza y la giró instintivamente para encontrar de frente unos ojos color caramelo acompañados de una sonrisa retadora. Las luces de colores daban cuenta de una figura esbelta y un talle delicado.
Fernando aceptó la invitación y se encaminó a la escalera. En el último peldaño se detuvo con la intención de abandonar el intento, pero se dio valor y llegó hasta donde Denise mantenía la misma posición, porque sabía perfectamente que su mirada había atrapado a la presa de la noche.
- Hola, tus ojos me llamaron y aquí estoy –se presentó.
- Tanta seguridad hay en ti –preguntó Denise con una sonrisa de bienvenida.
- Sólo la necesaria para atender a tus lindos ojos –remató Fernando.
Se trenzaron en una plática amena, bailaron, bebieron dos cervezas más e intercambiaron números de teléfono. Las coincidencias los abrumaron y sintieron eses click que pocas veces se logra. Desde ese instante la voz femenina era parte de su interior.
Los olores del cuerpo flotan en el aire, se encuentran entre sí, deambulan de un espacio a otro en espera de encontrar la mezcla perfecta que es el principio de la pasión. Le sigue la complicidad de las miradas y lo más peligroso es cuando se encuentran de frente, se comunican en ese lenguaje sin mentiras y sin permiso de nadie. Existen desde las miradas sensuales que son el perfecto anzuelo hasta las tenues, las que tienen una proclividad a la sinceridad que insertan cariño y muestran sonrisas de satisfacción.
Denise y Fernando se unieron a sus más imperceptibles aromas, en donde la nariz se declara inexperta, pero un sentido extraordinario los amalgama y los hace cómplices de actos tan íntimos, en donde el fuego de la pasión es el principal aderezo.
Una cita en un restaurante de la 31 oriente fue determinante. El juego de manos se presentó a los veinticinco minutos y ni las constantes interrupciones del mesero fueron impedimento para que avanzara lo inevitable. Fernando la llenó de halagos y le pintó la vida como un solo instante en donde hay que aprovechar los momentos, porque era mejor arrepentirse de lo hecho al simple intento lleno de reproches internos. Se le acercó al rostro jovial y no sólo le robo un beso, sino su respirar con olor a fresas.
Esa tarde salieron de la mano y por la noche Fernando estaba sentado en la sala color marfil de la casa de Denise compartiendo el café con su familia y fue presentado como un nuevo “amigo”. Percibió la libertad materna y la complicidad del hermano menor quien estaba más preocupado por el partido del Puebla que las nuevas amistades.
Los encuentros fueron creando una chispa que tenía necesidad de explotar, conocerse un poco más y probar el delicado néctar de la pasión encerrada y punto de salir en cada beso prolongado que dominaba sus fibras internas. La calidez de una relación inicial es algo que debería atraparse en una botella de cristal para que al paso de los años sea analizada en toda su expresión a fin de reir, llorar o saborear ese instante que el tiempo desgasta y vuelve bofa, entorpece la lengua para decir un “te quiero” y vuelve perezosa la mano para tomar a la otra en plena calle.
La dulce voz de Denise era una melodía que lo invitaba a viajar en las nubes y sus manos delicadas gotas de relación. Los dos llegaron a la fiesta familiar en donde la mamá tenía enfrente una copa de brandy. La nueva pareja se disculpó a los veinte minutos porque tenían planeado ir a la discoteca y salieron presurosos con la emoción de ser únicamente los dos y sus aromas. En el camino se desviaron a la casa de Denise, aprovechando la soledad.
Atravesaron la sala y pasaron a un costado de la cocina para internarse en la única  recámara de la planta baja. Al cerrar la puerta sobraron motivos para que los labios se unieran con una fuerza del acero. Cayeron sobre la cama matrimonial mientras los textiles que cubrían sus cuerpos quedaban uno a uno sobre la alfombra verde militar. Fernando se sorprendió de más cuando vio ese cuerpo perfecto que permitía todo movimiento y exigía toda la energía con cambios constantes de posiciones. Sus dieciocho años le daban la vitalidad y su falta caricias profundas provocaban un volcán en erupción.
Sus cuerpos desnudos quedaron entrelazados con mi mirada perdida por un momento y posteriormente Denise se acurrucó en el pecho de Fernando hasta que el cansancio los remató con una siesta de cuarenta minutos. Fue ella quien utilizó el dedo índice para comenzar un recorrido en forma de ocho sobre su pecho y poco a poco lo fue bajando hasta pasar por la frontera del ombligo y terminar en donde tenía que terminar. Se lanzó como una fiera recién recuperada y aprisionó levente entre sus dientes el labio superior de su pareja y sintió la firmeza que estaba esperando hasta que un ruido en la cerradura los puso en alerta. Su mamá había decido abandonar la fiesta familiar para regresar temprano a casa.
Ella se puso un pans y una playera, mientras Fernando se colocó la ropa en tiempo record y con pecho tierra se arrastró debajo de la cama. Denise salió de su recámara a recibir a su mamá y explicarle que habían tenido alguna diferencia por lo tanto decidió quedarse a descansar. Se disculpó para regresar a su espacio. Cerró la puerta con seguro y se metió también en debajo de la cama y comenzó a besar nuevamente a su muñeco, mientras éste temblaba ante el ruido que hacía su nueva suegra en la cocina. La señora subió a descansar y luego de quince minutos Fernando dijo que era hora de irse, pero de respuesta recibió una orden: “ahora terminas lo que empezaste”.
Las caricias se multiplicaron con la finura que sólo él lo sabía hacer y después de media hora terminaron exhaustos. Minutos después quedaron atrapados de un profundo sueño. Los ojos se Fernando se abrieron y descubrieron que las manecillas del reloj marcaban quince minutos antes de las seis. Saltó de la cama despertando a Denise y a los pocos segundos estaba poniendo un pie en la calle justo antes de que la dueña de la casa bajara a prepararse un café.
Denise lo vio partir y sabía que era la última vez que lo vería y se encerró en su recámara a escuchar el compacto de Ana Cirré. Aún no estaba enamorado de él y sólo quería acabar su relación frenética con un el toque del deseo sin más remordimiento, pero con la sensación de haber pasado bellos momentos. La canción invadió la mañana… a fin de mi signo del zodiaco y con tu futuro ya resuelto, nunca bebe y odias el tabaco, tu debes de ser un gran prospecto…Eres casi el hombre perfecto el que busqué por tanto tiempo, el que me hace vibrar la piel y el esqueleto… Tu serías el hombre perfecto, pero sólo tienes un defecto: que no eres soltero.
Fernando se cansó de marcar a su número sin recibir respuesta alguna por varios días hasta que dio por perdida la batalla y nuevamente se concentró en su matrimonio de tres años.
Denise lo supo desde la noche de la discoteque, pero quería por una vez en su vida dar rienda suelta a sus deseos.
Fin

No hay comentarios:

Publicar un comentario