lunes, 4 de octubre de 2010

La dama de la neblina

Ese día el frío tenía la cualidad de escabullirse entre las prendas más acogedoras y llegar directamente a los huesos a través de los poros de la piel y hacer sentir al cuerpo lo helado del ambiente. Se necesitaba más que una buena cobija para elevar la temperatura o buscar una buena compañía en la intimidad de las sábanas pero ella estaba, por el momento, sola en su habitación azul.
Su hombre había decidido entablar relación con otra chica sin los dotes de esta monumental reina de belleza y dio paso a los aspirantes a príncipes que a toda costa buscaban ser el sapo para recibir el beso del cuero de mujer en el que se había convertido con el paso de los años, como los mejores vinos de la región.
Se miraba en el espejo casi a diario, ese espejo de metro y medio de altura que junto con su ex esposo habían adquirido en un bazar de beneficio a favor del DIF estatal y tratar de quedar bien con la esposa del gobernador en turno. Las curvas de su cuerpo aun estaban bien trazadas y con una vitalidad en la firmeza de sus músculos que varias jovencitas de veinte años envidiarían.
Los rumores en el pueblo dejaron de serlo cuando se dieron cuenta de que el marido, por esa maldita manía que tienen los hombres de probar otros sudores, entabló relación íntima con una mujer más joven, con una mayor chispa en la cama y fuera de ella, pero sin el encanto de una belleza de 40 años.
La dama de la neblina quedó opacada por la noticia que corría en el pueblo de que alguien estaba estrenando amante y justo era su marido, que quizás eso fue más bochornoso para ella. No era tanto el engaño, porque anteriormente ya lo había hecho pero sin mayores consecuencias, sino que hablaran de ella en los encuentros de las amigas, en los cafés, en los bares y en la asociación de padres de familia.
Toda esta situación la había obligado a jurar por la vida de sus hijos de que no volvería a tener relación con una persona del pueblo, el cual pensó en abandonar para refugiarse en la capital del estado y dejar de escuchar las frases de lástima que le regalaban, pero eso era únicamente huir de la realidad y eso no le habían enseñado sus padres, quienes la apoyaron en todo momento.
La dama de la neblina se mantuvo discreta mientras concretaba la separación de su marido y su pena la cubría con la esperanza del amor de sus hijos y nada más. Su desorden alimenticio y la poca actividad pública la hizo ganar varios gramos de grasa que se fueron convirtiendo en kilos y la figura de curvas bien definidas se perdió en la inmensidad de la comidas ricas en lípidos.
Las tardes nublaban su corazón y humedecían sus mejillas. Preguntaba al viento que había hecho mal para que su marido encontrara cobijo en otras sábanas, que respirar otro aliento si ella se había entregado toda y un poco más.
Varias lunas pasaron para que la serenidad llegara a su corazón y comprendiera que la culpa mayoritaria de esta ruptura no estaba de su lado. Decidió regresar a la vida de sociedad, de participar en política y para ello tenía que estar preparada. Estaba decidida a dar una verdadera sorpresa.
Fue una semana de planear los detalles de su regreso. Decidió dar 90 días y 90 noches a su cuerpo y a su alma. Dejó parte de la responsabilidad de sus hijos a sus padres y cuidó hasta el mínimo detalle de su alimentación e inició el pesado ejercicio pero en casa.
Su reaparición fue sensacional y los comentarios cayeron como balde de agua fría en su ex marido, quien recibió las buenas noticias y los reproches de porqué la había abandonado, si estaba más guapa que nunca.
Esa falda un poco arriba de la rodilla y los zapatos de tacones altos era el comienzo de un recorrido de admiración hasta toparse con una cintura que respondía a cualquier brazo masculino. Los kilos de más se fueron con la última lluvia de la temporada y dejaron un rostro iluminado, con una nueva chispa en los ojos.
Se empezó a interesar en la actividad pública y nuevamente recorrió los caminos que había guardado para mejores momentos. Gustaba de ser vista nuevamente y hasta disfrutaba de las miradas discretas de los hombres, aunque tenía sus límites, porque ante todo tenía que guarda respeto por sus hijos.
La política poco a poco la empezó a invadir y no la desconocía por completo, porque con su anterior marido había incursionado en ella pero de manera discreta sin un papel protagónico y sin opacar la figura del hombre.
Una tarde de ligera lluvia acudió a una reunión con una de las familias rancias de la zona y agasajaban al presidente del partido, quien había aceptado una rica cecina, tlayoyos y un vino de ciruela. Las miradas se cruzaron de manera esporádica, pero el toque femenino se quedó impregnado en la retina del político, quien se fue con certeza de que sería un excelente cuadro en las próximas elecciones.
El líder se enamoró de la zona y quizás un poco de la dama de la neblina, de los ojos hechizantes, del movimiento circular de sus manos, del cabello blondo y sus dientes blancos como el azúcar fina.
El pescador de ilusiones tenía en la neblina la mejor oportunidad de reclutarla a las filas de la política y de ofrecerle una diputación.
La amistad, la política y los amores del pasado podrían hacer una amalgama fácil.
La dama de la neblina lo podía constatar y los fríos dejaron de serlo para ella.
Fin

No hay comentarios:

Publicar un comentario