La cita fue en un bar del centro, de música ligera, en donde el cruce de las piernas era más evidente porque los bancos acolchonados de color amarillos son más pequeños y dan un estilo único al sentarse.
Ella, con su pelo negro, llegó con esa falda corta que tan bien le quedaban y los excelentes resultados que le había dado desde que se decidió dejar los pantalones de mezclilla. Se acomodó en medio de las dos amigas que le estaban esperando, quienes más que extrañarla querían comprobar los rumores de cama que corrían en torno a ella.
Dejaron pasar tres rondas de cervezas para entrar de lleno al tema que más les interesaba y entre las risas confesó que efectivamente estaba saliendo con el gobernador y que era un caballero con ella y además un desprendido, porque le cumplía cada uno de sus caprichos como el viaje más reciente a España.
Las amigas no dejaban de admirar a esta pequeña mujer de excelentes curvas y saber a detalle cada uno de los momentos que pasaron juntos desde el día que conoció al mandatario, desde la primera salida.
Fue en una gira de trabajo, en la inauguración de la nueva planta de tratamiento de aguas residuales. La mamá lo tenía todo planeado para acercar a su hija al mandamás del estado y escudriñar la oportunidad de incursionar con éxito en la política. Sabia y maliciosa sabía perfectamente que con el cuerpo de su pequeña cualquier hombre de medio pelo la podía engatusar y llevarse a la cama. Eso tarde o temprano tenía que suceder y si tenía que entregar sus delicias juveniles que mejor a un hombre importante que le pudiera cambiar su vida y asegurarle un mejor futuro.
Llegó la camioneta suburban negra y de la misma bajó el gobernador para iniciar el ritual del saludo hasta que se tomó que la señora de negro quien le pidió una foto con su hija, quien estaba llena de belleza, de juventud y de excelente gusto en el vestido que hasta el cura de la parroquia era capaz de perder su mirada en esas piernas de monumento. El mandatario la tomó de la cintura y aspiró el perfume que le cubría el cuello y una vista ligera llegó hasta el inicio de su delicado busto.
Estaban tan cerca de iniciar un escondido romance, pero la multitud se llevó al funcionario sin dar oportunidad de hacerle una cita en la casa de gobierno para atender sus peticiones. La mamá esperó pacientemente al finalizar el acto y se quedó cerca de la camioneta con la hija de piernas descubiertas a un lado. Ya lo había planeado y sucedió tal como estaba establecido en el guión. El gobernador se acercó a su vehículo y antes de entrar le pidió, suplicó que atendiera las peticiones de su hija y si no le importaba podría subirse a la camioneta para llegar al siguiente punto de la agenda. El mandatario orbitó un poco los ojos y decidió que no estaba mal pasar un momento agradable con una chica que le estaba poniendo, de manera insistente, en charola de plata.
La siguiente cita fue el departamento secreto del mandatario en donde los dos ya sabían a lo que iban y los secretos que se tendrían que guardar debajo de las sábanas blancas y muy acogedoras. La piel delicada de la joven fue devorada por el lobo feroz que tenía encima y cerró los ojos en todo momento, porque no estaba tan segura de entregarse a un hombre mayor y de poca belleza masculina. Por supuesto que no era la primera vez que abría su delicadas piernas para dar hospitalidad, pero lo había hecho con tres hombres de su edad en las relaciones de noviazgo. Hoy era sólo por necesidad.
Los encuentros sexuales se presentaban una vez a la semana, de acuerdo a la agenda del gobernador y ella estaba dispuesta a ofrecerle calor, porque sabía que poco a poco tendría la recompensa, pero lo tenía que hacer de manera discreta y sin presiones.
Una tarde lluviosa y nublada, como es la capital del estado la mayor parte del año, terminaron de intercambiar suspiros y él le hacía círculos con su dedo índice en su busto mientras ella confesó el plan que había urdido su madre y las respuesta seca fue: siempre lo supuse.
Los favores estaban cumplidos a cabalidad porque la generosidad estaba siendo pagada con creses y cada día iban en aumento, lo único que faltaba era cumplir el anhelo máximo de la dama: ser presidenta municipal del pueblo de los cítricos.
Sin embargo los momentos políticos estaban siendo enturbiados por el grupo de la zona. Los líderes que aspiraban al mismo cargo sabían que se enfrentaban a una contienda desigual en donde prevalecían los favores de la cama.
La fidelidad de ella estaba atada sólo por el lazo sexual y si no aprovechaba los últimos meses en el poder de su padrino los sueños de poder se podían venir abajo y sus limitaciones en la política eran bastas. Poco talento y mucha carne.
La moneda estaba en el aire y nadie sabía de que lado podía caer en el círculo tricolor, mientras que del otro lado ya preparaban la embestida. La guerra negra aguardaba en un cajón con los elementos necesarios para el ataque.
Cada día era unos menos, cada instante era el suspirar por el puesto adorado, el que todos los días acariciaba.
Una casa de su amiga estaba habilitada como bodega para las despensas que mensualmente le hacía llegar el hombre del poder para que ésta la repartiera en las colonias, rancherías y ejidos de la zona y reforzar su presencia.
Daisy esperó el mundo de la alabanza.
Esperó las caricias de su amado.
Aun está en espera de la frase: tu vas a ser la candidata a presidenta municipal.
Mientras él sigue aspirando sus aromas y la fidelidad de ella.
La fidelidad sigue en pie en un municipio cercano a la perla de la sierra.
Fin
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