lunes, 4 de octubre de 2010

La leyenda del egipcio

Isaac había asistido a pocas fiestas de disfraces, pero como ésta no. El lugar estaba lleno de detalles faraónicos y comprendió que los límites de las fantasías no están establecidos, sólo es necesario un poco de iniciativa y por supuesto un pequeño elemento fundamental: el dinero, arriba del normal.
Las células nerviosas se le activaron como torrente en su cuerpo cuando la mujer de tatuajes en la pantorrilla se le acercó haciéndoles el movimiento de cintura y la punta de su busto perdía distancia hacia sus labios. Sus ojos orbitaron y con el rabillo observó a sus compañeros como pidiendo permiso antes de tocar una piel que conocería por primera vez.
El anfitrión, sentado en la silla color oro con el báculo en la mano izquierda hizo una señal de asentimiento con la mano derecha para que iniciara el rito de intercambio de caricias.
Isaac recibió la invitación una semana antes con un verdadero sigilo, como si se tratara del secreto robado a la iglesia católica y descubrir el santo grial que por miles de años había permanecido escondido. Fue citado en el Café Sirena y ambos ordenaron americanos a la mujer de cabello demasiado teñido, pero con un picor en los ojos claros que parecía ser una devoradora de hombres detrás de esa sonrisa ingenua.
El enviado fue Alberto, convertido en la mano derecha del festejado y el organizador de la reunión tan sui generis que sorprendió a todos los convocados y más por la forma en cómo les llegó la invitación, con esa discreción absoluta que provocaba mucho morbo.
El rico sabor del café entraba por el olfato pero se alojaba en las partes más sensibles de las papilas gustativas, porque era un verdadero deleite al paladar por encontrar el equilibrio perfecto entre el color, olor, un tostado uniforme, sin humedad, agua sin cloro. Alberto decidió endulzarlo con piloncillo que la mujer de los ojos claros colocaba al centro de la mesa, mientras que Isaac lo tomó sin endulzante, porque para él era quitarle la esencia y lo comparaba como hacer el amor sin llegar al clímax. Un simple engaño.
Calentaron el ambiente con una plática de relajamiento, de la posibilidad de que ir con sus familias a la playa, de que Isaac conociera la nueva casa de descanso que Alberto había adquirido en Boca del Río como una muestra de la buena estrella que le empezaba a alumbrar al lado de su jefe, quien a su parecer era un hombre con un enorme futuro político para Puebla y permitía el crecimiento económico de todos sus cercanos.
El Café Sirena estaba lleno, incluso las mesas de afuera especial para fumadores se encontraban saturadas. Era el momento, la hora del café como un pretexto ideal para relacionarse. La peculiaridad del lugar era conjuntar a mujeres de todas las edades, pero con una presencia mayoritaria de estudiantes universitarias de clase media alta y alta. A pesar del desfile de damas guapas cada hora, todos los asistentes tenían perfectamente establecido que era un lugar de relajación, más no de ligue.
Alberto, después de dos tazas del aromático, le comentó a Isaac que estaba invitado a una fiesta de cumpleaños de su jefe, como parte del grupo pequeño de convocados a quienes los tenía en sus sentimientos. Le pidió la discreción completa, incluso para su esposa porque era una reunión únicamente para varones y no necesitaba darle demasiadas explicaciones para entender la naturaleza de la reunión, de los peligros carnales a los cuales iba a estar expuesto como un sensible corderito.
El enviado, de tez morena y estatura pequeña, le comentó que la cita sería el viernes por la tarde en una amplia casa de Valsequillo y la dirección se la mandarían por mensaje a su celular y no podía llevar invitados, sólo él con muchas ganas de divertirse, comer, tomar y relajarse. El único y esencial requisito era ir vestido de egipcio, nadie podría entrar sin cumplir con esta regla. Pidieron la cuenta a la mujer de ojos claros, pagaron y salieron cada quien con destino diferente.
Isaac entró en confusión, no por los gustos estrambóticos del festejado, sino porque sus conocimiento en historia universal era muy escasos y por su mente no pasó mucho al evocar a Egipto, sólo las pirámides. Buscó ayuda en el google en dónde encontró una serie de figuras adornadas con collares, tocados en la cabeza y una especie de barba falsa alargada de colores.
Se decidió por una especie de falda echa con tela de algodón, sandalias, un collar y nada más, no quería caer en la exageración y ser la burla de los demás invitados al convite. El viernes llegó a su teléfono la dirección, la hora y que serían recibidos por el asistente del festejado.
Isaac llegó al lugar indicado y los esperaban dos personas que les abrieron las puertas de la modesta casa con varias secciones en obra negra con visos de un ser una copia de hacienda más adelante. Le indicaron que se trasladara a la sala, en donde otros 15 invitados degustaban los primeros tequilas, bocadillos mientras esperaban al invitado que se sentaría al centro en una silla color oro, amplia, con descansabrazos y rematada por una figura de cabeza de lobo o coyote color negro. La última instrucción fue que pasaran a las recámaras a cambiarse y a fin de empezar la fiesta con todo lo previsto.
Cuando regresaron la silla principal estaba ocupada por una persona de piel blanca, sandalias, una falda con un festón al frente, un collar amplio y una máscara de faraón y la voz rasposa se escuchó: bienvenidos a la fiesta de todos ustedes, a la fiesta diferente que tendrá muchas sorpresas. Los aplausos tímidos explotaron entre las 16 personas, pero más adelante los tequilas fueron destruyendo los temores hasta hacerlos añicos.
Parecía una reunión entre los maestros de una secta religiosa y lo mejor para ellos fue cuando aparecieron las mujeres, también disfrazadas de reinas egipcias, una para cada invitado y nadie sintiera la envidia. Era una maravilla, porque las damas estaban ceñidas de una falda blanca pequeña y un amplio listón que cubrían sus senos, pero dejaba ver los cimientos de sus bustos.
Las células nerviosas se activaron como torrente en su cuerpo cuando la mujer de tatuajes en la pantorrilla se le acercó haciéndoles el movimiento de cintura y la punta de su busto perdía distancia hacia sus labios. Sus ojos orbitaron y con el rabillo observó a sus compañeros como pidiendo permiso antes de tocar una piel que conocería por primera vez.
El anfitrión dio una señal de asentimiento con la mano derecha para que iniciara el rito de intercambio de caricias. Isaac sintió el respaldo de varios tequilas y atacó al frente sin importar las miradas de los demás, porque sabía que en algún momento ellos estarían en la misma situación. Tomó a su reina de la mano y la condujo a una cama cubierta por biombos y acabó con lo iniciado. Los nervios le ganaron al principio y desperdició un preservativo, pero finalizó la tarea con otro que estaba a la mano.
El punto de partida fue un sueño loco del festejado que decidió darle vida. El faraón cumplía algo más que años y podía demostrar que era un hombre de gustos diferentes. En el futuro estaría listo para ofrecer un concierto con sus amigos y porque no, cantar: “eres secreto de amor” con mariachi en vivo.
FIN

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