lunes, 4 de octubre de 2010

Las fronteras de tus curvas

Los momentos más sublimes se quedan sólo en instantes y si carecemos de la capacidad para aprovecharlos posiblemente nos podamos arrepentir una buena parte de nuestra existencia, por lo tanto es mejor arriesgarse a lo imprevisto de lo contrario tendremos siempre la dudad de lo que hubiera pasado y tu no querrás quedarte con esta incertidumbre ¿verdad?
Palabras contundentemente demoledoras para Lorena, quien dudó un poco y finalmente cedió sus labios con los ojos cerrados como una excusa personal de su actuar. Favio había sujetado la punta de la madeja. Nada era nuevo para ella, sólo que debía guardar la compostura porque no quería dar la imagen de ser una mujer facilota como el anterior encuentro temporal con Moy.
En aquella ocasión salió con dos amigas a la mejor zona de Puebla: la Udla, lugar preponderante de antros y el espacio apropiado para la conquista juvenil. A la mesa de ellas llegó el joven del servicio con una ronda de cervezas que no habían ordenado y les dijo que era una cortesía del caballero de la esquina, el de barba recortada, quien levantó su botella para brindar a los lejos. Las damas jamás rechazaron la oferta y regalaron una sonrisa porque era la señal de una noche libre de pago, por lo menos quinientos pesos de ahorro.
Sólo tres canciones pasaron para que los juanes de la noche se acercaran a las mujeres de escasos 22 o 23 años y pidieron un lugar en su mesa. Moy se sentó a un costado de Lorena a quien había observado por varios minutos y más sus atractivas piernas largas y torneadas cubiertas por una falda blanca de mezclilla y una blusa ligera que hacía ver su escaso busto, pero con un cuello más crecido que las demás y para él fue un atractivo especial.
La presentación fue la rutinaria son mayor profundidad en el ámbito personal porque todos estaban en el entendido de que era un espacio de diversión. Al fondo Café Tacuba se escuchaba con el tema de “las flores” y hacía mover a más de uno en sus asientos. Pura chaviza, pura juventud, pura relajación de fin de semana y si era posible algo más sería bienvenido.
Moy levantó la mano una y otra vez, alzó la voz pero el mesero hacía caso omiso y no pudo contener el comentario, “yo creo que mi hermano menor también va a ser mesero, porque cada vez que mi mamá le habla se hace pendejo”. Todos soltaron una sonora carcajada y festinaron la ocurrencia apropiada para el momento. Diez minutos más tarde llevaron una botella de vodka, vasos, hielos, jugos de naranja y uva.
Los espacios se hicieron estrechos y a cada instante los cuerpos se acercaban más y más para dar paso a la conquista mientras las gargantas se refrescaban por el dulce sabor del jugo naranja-uva aderezados por la debida más traicionera que pueda existir.
De acuerdo a un estudio de campo realizado por varios bares de la ciudad se logró comprobar que el vodka con jugo no concede la oportunidad de sentir el incremento del estado de embriaguez, por el contrario hay una sensación en el cuerpo de estar tomado agua de sabor y cuando el efecto es perceptible indudablemente ya es muy tarde, porque pocos pueden mantener la formalidad: estás plenamente borracho.
La ligereza de las manos de Moy se deslizaron en la espalda alta de Lorena quien aceptó de buena gana el atrevimiento. Poco a poco fue bajando de altura hasta llegar a la cintura acompañado de comentarios picaros para distraer un poco la atención. Sabía hacer su trabajo sin aspavientos utilizando la técnica de arrancar sonrisas y dar un aire de gran empresario joven.
El dedo menique fue el primero que intentó traspasar las fronteras de las curvas y sintió el borde de la ropa interior, pero sintió una gran soledad y pidió apoyo del anular quien participó el en tacto de piel de manera delicada sin caer en lo vulgar, sólo con la intención de demostrar un poco de pasión. Los minutos pasaron y la respuesta de Lorena fue magnífica, porque en lugar de intentar detener el atrevimiento de Moy dejó que el índice participara en el periplo mientras el pulgar quedó fuera del a jugada.
Cuando Lorena sintió la totalidad de la mano en su nalga izquierda se le acercó al oído y le susurró: “así que se eso se trata, de agarrar la nalga ¿verdad? Pues si a esas nos vamos toma esto”. Su mano izquierda se lanzó con severidad al glúteo de Moy con un apretón suave acompañado por una mordida delicada en su oreja derecha. Fue el principio de un ejercicio de relajación muscular en una cama suave del motel más famoso de la recta a Cholula, en donde los dos se trenzaron en caricias suaves con la intención de subir de nivel. Era una lucha de manos por cubrir más centímetros de piel, bocas desenfrenadas por besar todo lo que estaba a su paso, gemidos intentando matar el silencio de un cuarto y al final ella cobró venganza porque aprisionó fuertemente las nalgas de Moy hacia su cintura mientras explotaba en una emoción difícil de describir. Sólo entonces se dio cuenta de que no sólo fueron sus dedos los que agarraron esa parte, sino que las uñas estaban tatuadas temporalmente como pinturas rupestres en una cueva.
No intercambiaron teléfono, ni salieron propuestas para una segunda ocasión, porque ella tenía un amante de la política que le proporcionaba todo lo material y él una esposa. No hubo más.
Favio la tomó de las manos y le pidió dejarse llevar por el momento, el instante, ese que se presenta sólo una vez y construye fantasías inimaginables, pero Lorena sólo permitió un beso y nada más. A los pocos minutos salió del restaurante dejando al aspirante de amante con la imagen de ser una estrecha, pero sabía que con esa pequeña muestra de pasión lo tendría entre su Victoria Secret cuando se le antojara probar algo diferente.
Lorena regresó a su departamento con el orgullo elevado y a esperar al político que le cumplía todos sus caprichos, quien pedía cariño dos o tres veces por semana y ella se había convertido en una actriz a la perfección, sin reprochar el papel protagónico de la esposa al frente de un patronato del gobierno y que en algún momento soñó con ser la primera dama de la ciudad.
Fin

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