lunes, 4 de octubre de 2010

Mírame y te convenceré

Al despertar le invadió un ataque de estornudo, uno tras otro y en el penúltimo estuvo a punto de ahogarse en su propia saliva. El polvo, la humedad o la presencia de una mujer en su cama lo había orillado a experimentar una especie de sinusitis ligera que se calmó lentamente sin necesidad de un medicamente.
Se metió debajo de la regadera y la abrió hasta el tope para que el agua fría cayera, como golpe seco, en su cuerpo. Inmediatamente experimentó el abrupto y pleno despertar, un ligero temblor lo invadió mientras enjabonada su cuerpo con el boddy clean olor cereza la tarde anterior hab ía comprado en el mercado de variedades. Se secó con la toalla azul marino y regresó con ella ceñida a la cintura con el pelo aun húmedo. En la cama ya lo esperaba la dama entallada en un camisón y las ganas de ser poseída a fin de descubrir si efectivamente hacer el amor como desayuno es reconfortante y vitamina para el día. La toalla azul marina cayó al suelo y ella se inclinó, pero no a recogerla sino a otros menesteres.
Aún tardaron una hora más en salir de la habitación y bajaron al restaurante a tomar unos alimentos y la mesa libre, cerca del amplio ventanal, daba a la calle principal con una excelente vista. Mariano perdió la mirada en una pareja que atravesaba la calle tomados de la mano y al término de la travesía se dieron un beso de ternura y continuaron su camino. En ese momento se levantó de la mesa y le comentó a Carmina que iba al tocador, ella le respondió con un leve guiño y apresuró un trago de jugo de tomate.
El juego de los amantes es el juego de la inmoralidad, porque ninguno está psicológicamente preparado para enfrentar a la sociedad haciendo de su amor ilícito algo público. Así, todos los amantes serán boicoteados por el dedo flamígero que les prohibe salirse de los cánones de las morales establecidas.
El amor de los amantes está cargado, desde un inicio, del impulso de muerte, pues los amantes aceptan que su relación es sacrificable, que tiene que ser dolorosa y tormentosa, resignándose a gran dosis de dolor y muerte.
Mariano regresó del baño en donde aprovechó el momento para hablar con su esposa y preguntar por su hijo mayor y sus clases de karate. Le explicó que estaba en un desayuno de trabajo para definir el candidato a presidente municipal pero en la tarde estaría de regreso para comer juntos y que la extrañaba mucho. Ella le pidió un paquete de pan casero que vendían en la esquina del centro.
En el sonido tocaban la canción de eres de Café Tacuba, Mariano tomó la silla y por debajo de la mesa palpó la pierna de Pilar y ella dejó que se deslizara mientras un ligero escalofrío le invadió, le recordó los momentos en que él dejó de ser ese grandote para convertirse en un adolescente con juegos y pasión interminable.
Pilar sabía perfectamente que su relación era de amantes y sólo buscaba el beso fugaz, la caricia escondida y un futuro asegurado. Su cuerpo, aun con la fortaleza de los mejores años, era su fiel complice, porque ningunos ojos despreciaban esas piernas torneadas y bien delineadas bajo la falda amenazadora.
Para algunos el adulterio es sólo una verdadera prueba de fuego de la pareja: destruye aquellas en las que falta amor, y consolida las demás. Así lo tenía en su definición Pilar, porque sólo estaba centrada en su hija, lo demás era simplemente el adorno que se le pone al pastel, pero lo más importante es lo de adentro.
La controversia, contraria al hombre, si la mujer es la infiel, son las mismas mujeres quienes atacan esta conducta, con comportamientos como la segregación y la denuncia al "pobre cónyuge engañado". Además que en ellas surge un autocastigo al ser infieles pues es contrario a la imagen pública de ser decentes. También es una manera de agredir pasivamente, de defenderse ante la devaluación de sus cónyuges pues para las mujeres es muy importante ser bellas y deseables a los ojos del otro.
Pilar lo entendía así y pretendía pasar a ser el objeto deseado, esa parte prohibida, el saber que muchos hombres estarían por demás encantados en estar en su lecho y envidiar el espacio que se había ganado el político, a pesar de saber que el estaba casado y con una imagen intachable, sin ninguna macha de este tipo.
La infidelidad a pesar de ser "tan común" es un choque contra la integridad, sin embargo, una vez que se descubre viene el choque emocional, el estallido de cólera, la humillación y la devaluación del sujeto engañado.
Sin embargo, ese sentimiento estuvo al margen cuando la noche anterior Mariano llegó con esas ganas de toro por poseerla y saber que sólo él podía consolidar el momento de tocar toda la piel de Pilar, de provocar el rito de moldear su cuerpo como una figura de talavera ante de entrar al horno de la pasión. Delinear cada contorno hasta hacerlo perfecto y caer en la seducción de su respiración cada vez más agitada y encontrar la respuesta de una fiera, dispuesta a sacar las garras para la batalla.
Mariano lo había pensado en muchas ocasiones cuál era el motivo de engañar a su guapa esposa si en realidad la relación era estable, pero encontraba ese vacío, esa emoción que se consolidad debajo de las sábanas y estaba centrada en ser una buena mujer, pero sin la candela que los había unido años atrás. Tenía siempre el temor de tocar el tema con ella, porque en lugar de encontrar un diálogo para encontrar una solución juntos, sólo recibía reproches y más reproches, sólo piensas en sexo.
Había encontrado el balance perfecto: en casa se convertiría en un hombre sin arrebatos, sin forzar una noche de placer a menos que la esposa lo propiciara y como eran muy escasas no había mucho porqué discutir. Con Pilar tenía a la dama en la calle y a una mujerzuela en la cama con la cual podía cumplir todas las represiones que encontraba en casa y ella disfrutaba de las ganas de Mariano.
Esa noche lo hizo explotar como pocas veces lo hacía, se dejó llevar por la libertad que les daba la soledad de cuatro paredes, de la complicidad de la cama y la exaltación de cada poro de su piel deseosa, lechosa, jugosa.
Pilar se acurrucó en el pecho de Mariano luego de arrancarle hasta el último quejido y le ofreció pequeños besos, suaves caricias y fue el justo momento para pedirlo un pequeño favor, una ilusión con la cual había vivido por varios años: ser una persona importante.
- Mi amor, se que tu me puedes ayudar.
- Dime, bombón sabes que a ti no te puedo negar nada, respondió desde la comodidad plena.
Espero unos segundos y escuchó a bocajarro: quiero ser diputada.
Los días pasaron y sin temor a los reclamos de la militancia se consolidó como la candidata por un distrito de la capital.
La política no es sólo precisión, sino pasión entre las sábanas.
FIN

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