Si sigues transpirando Chanel, no respondo: Cirilo, el enojón
¿Como te atreverías a describirme? ¿Por qué me dices que te he ayudado a liberar tus más profundos deseos, las fantasías que provienen desde el fondo de tu entrepierna, de tus manos y de tus ojos? Aún no te conozco, pero empiezo con el frenético deseo de saber más de ti.
El miércoles de ceniza se despiden los amantes y el domingo de resurrección se vuelven a amar como antes, por lo tanto estoy en periodo de abstinencia, en donde sólo me permito una leve mirada a los ojos sin propasarme. Mi religión me lo impide y mis convicciones también, aunque el desalmado de Martín Eduardo se aparezca con su olor sulfuroso a tentarme como a Jesús en el Monte de los Olivos. Bueno, no soy tanto.
Aún tengo cierto temor en aceptar una invitación femenina, porque en verdad no te conozco y corro el riesgo de caer en la telaraña que finamente puedas tejer en torno a mi y una ves atrapado me puedes obligar a que solamente tu vivas en mi mente, corazón y bragueta. Algo me lo dice desde el fondo de mi sexto sentido que he desarrollado por años de estudiar a este sector de la humanidad tan necesario y embriagador.
Que tal si un día, en tu locura desmedida, me invitas unos tragos en tu coche y por supuesto que no voy a despreciar semejante tentación. Si no eres tan seriecita y en una de esas tienes ojos color caramelo. Puedo ceder ante tus besos y posteriormente, entrada en la pasión, sigas más al fondo en donde ya te imaginas y no te conformes con eso, sino que retires tus jeans en pleno auto, provoques que todos los cristales se empañen y al terminar de tus locuras me de cuente de que estoy cerca de Casa Puebla, en donde habita la máxima autoridad de nuestro estado. ¿Que diría él y su amada esposa?
Los hombres somos tan simples, según la psicóloga de San Juan Tlautla, y además tontos. Está en contra de la teoría de que todos son iguales, porque hay unos peores. Según ella debes tener miedo cuando dos miradas se encuentran y se sostienen por más de cinco segundos, porque seguirán con ese maldito juego hasta entrelazar sus lenguas y cruzar el límite de la cintura.
Ten piedad de mi, que tal si no soy tan buen amante como te lo has imaginado y sólo estás reflejando una fantasía por lo que escribo en mis noches de insomnio. Así que piensa bien si mantienes la invitación a tomar un café, porque aun no sabes si ronco por las noches o me gusta dormir con los pies destapados y que tal si a ti te gusta usar siempre calcetas y pijama.
Como te imaginas si una noche tomamos el autobús ADO a Tehuacán, por ejemplo, y a medio trayecto los besos nos funden, nos presionan a seguir adelante y sin importar el pudor haces a un lado tus pantalones de mezclilla, echas una mirada por encima de los asientos para cerciorarte que la mayoría de los pasajeros están dormidos o viendo la película y continúas con tu camino a la felicidad instantánea de diez segundos.
Yo sólo escribo como una forma de desahogo, como una catarsis, pero no con la finalidad de imitar a los artistas quienes, en su mayoría, buscan una noche calientita con algunas de sus fans. Por eso voy a ponderar, a valorar la invitación a tomar un café, porque puedes resultar una mujer que beses con demasiado fuego en los labios.
Podría aceptar verte, que te parece en el Camino Real del centro. Ocasionalmente hay música para bailar y podríamos aprovechar el momento para hacer lo propio, sólo te pido que no te suden las manos cuando te estreche más y más a mi cuerpo. Ten cuidado porque hay una fuente al centro del patio y regularmente cuando las parejas se empiezan a conocer suelen sentarse de medio lado, posición invitadora para robarse el primer beso y de ahí ya nadie lo para.
Te cuento que Laura ha planeado cientos de acciones para hacer caer Enrique, pero no lo ha logrado. Es un caso raro, porque a sus 21 años y con toda la energía adentro no ha cedido a las pretensiones de esta mujer de fuego reprimido quien le abre todo en ella. Yo creo que Laura debe dejar los pantalones de mezclilla y usar un poco de falda, pelo suelto y maquillaje. Este será el mejor gancho para atrapar al “flamita”, quien se mantiene estoico y a pesar de que dicen que su caso es muy raro, porque en esa oficina a nadie lo han devuelto al toril por manso, yo creo que es más timidez que sea afín a romper pistaches con el codo. Creo que el joven Enrique y yo padecemos del mismo mal: asustadizos, dóciles y serenos.
Mi foto en el portal no es muy llamativa, no dice mucho de mi. Según me cuentas me lees cada martes y te pido que te imagines como sería un fin de semana, los dos solos, en un lugar para acampar como truchas Arcoiris. ¿Te puedo ayudar un poco?
Pasaría por ti a tu casa y al abrir tu puerta te estaría esperando con un beso apasionado, mañanero y sin miedo a que nos viera tu papá. A mi me gusta la música ranchera, porque soy de rancho pero por ti haría un esfuerzo por escuchar a Madona. En el mercado de San Martín, tomados de la mano, cargaríamos hasta con el carnicero. Lo interesante vendría cuando te enseñaría a armar una casa de campaña con el sol en el cenit, siempre con unas cervezas bien frías a un costado para apaciguar la sed.
Seguramente ya estarías pensado en el momento de encontrar nuestros cuerpos desnudos al interior de la casa de campaña y sudar a raudales por el esfuerzo, sin importar que afuera los vecinos hicieran las especulaciones acertadas a los que estaríamos haciendo y con provecho. Después, una vez pasada la primera prueba, yo me encargaría de la cocina, porque eso te puedo adelantar que en verdad me gusta preparar de todo y si de presumir se trata la sopa de hongos me queda de maravilla, el arroz no se me bate y por supuesto la salsa quemada tiene un toque secreto. No le sigo, porque me acuerdo del comentario de un amigo que lo soltó a boca de jarro: si fueras mujer, si te hubiera amarrado.
En la noche cenaríamos algo ligero y claro que sacaría el whisky Bucana´s, reserva especial, para que le diera color a la noche llena de estrellas. Podría compartir tres o cuatro cubas sólo para darle intensidad al postre, porque en una de esas abusas del alcohol, lo desechas por la boca y se echa a perder el calor que podríamos compartir ante el frío que azota la zona.
Al día siguiente tendríamos la oportunidad de pescar en lago y lo mejor, enseñarte a lanzar la caña. Me pararía atrás de ti, mis manos tocarían tus brazos y te guiaría con movimientos leves, escuchando mi respiración en tus delicadas orejas y ocasionalmente dejar mis labios en tu cuello para que tu piel se erizara, rosarte sin tocar, provocando un deseo de regresar a la casa de campaña.
Lo que si no te recomendaría es tomar la ruta de la bicicleta de montaña, porque el terreno es muy agreste, salvaje y en una de esas te caes en una piedra que pueda provocar un moretón en tu cara y por supuesto que tus papás no te creerían que fue un accidente, se imaginarían que yo te golpee. Mejor evitamos montar la bici y jugamos al intercambio de besos, porque soy muy besucón y por eso me lavo los dientes tres veces al día.
Ya te ayudé un poco y si aun así insistes en salir a tomar un café conmigo te puedo proporcionar mi correo electrónico. Ten cuidado, porque te puedes enamorar de mi y hasta me puedes llamar “mi cielo”. No es presunción, pero todas las parejas tienen su forma de comunicarse.
No soy el mejor de los amantes, sólo intento plasmar imágenes, así que espero que no te lleves una decepción. Te besaría lentamente los labios, morderte muy leve el lóbulo de la oreja derecha y hacer un alto en el cuello para hacer figuras imaginarias con mi lengua, arrancarte leves sonidos y esperar el momento justo para hacer una sola figura debajo de las sábanas hasta sentir la desesperación de tus manos presionando mi espalda y un poco más al sur, sentir el movimiento ardiente, desenfrenado de tus caderas y tus mejillas estuvieran a punto del rojo manzana… uff
¿Aun así te atreverías a invitarme un café? No me responsabilizo que después me digas “maldito flaco”… Nos vemos en el italian coffee de la gasolinería, cerca de Soriana, posteriormente el cine y tal vez...
Fin
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