martes, 5 de octubre de 2010

Una familia de diez

Mateo llegó a casa, lanzó su chamarra en el sillón de en medio, prendió el televisor en espera del espacio patrocinado por la lotería mexicana. De su cartera, aun costado de la imagen de San Judas Tadeo, el santo para las causas difíciles, sacó el billete de lotería. Fiel a su costumbre los talló con la mano y le dio un beso como elementos esenciales de la buena suerte. Así lo había hecho, según se lo contó en una borrachera Martín Melambres, Don Anicano quien se ganó el premio mayor y desde entonces se fue a vivir a una colonia mejor, se compró una camioneta todo terreno, conoció las playas de Cancún, además de buscarse una novia más joven y simpática que la amargada de doña Canela, a quien abandonó, quien se lo tenía bien merecido por ponerle el cuerno a su marido con el vecino del neon rojo.
Los comerciales de la noche se sucedían uno tras otros hasta completar los quince en un solo bloque como para hostigar hasta el más paciente televidente. Mateo fue a la cocina regresó con un café dos panes para posteriormente acomodarse en el sillón color vino aterciopelado que heredó de su tía Carmela, mejor conocida como la tía chata. Mientras esperaba el espacio de la lotería, un programa de ayuda espiritual lo empezó a atrapar y en algún momento le tocó una vibra profunda de su ser cuando relataron la historia de una mujer abandonada con dos hijos, un negocio en proceso de muerte, pero gracias a los sabios consejos del maestro tenía la posibilidad de cambiar su suerte.
Momentos más tarde presentaron los números ganadores de la lotería y Mateo se quedó con las ganas de gritar de gusto, pero los sabios consejos del maestro del programa anterior se impregnaron en su ser, estaba seguro de que le podría dar una salida a la inmensa incertidumbre que lo acechaba día y noche. Dos sesiones más de ver el programa le dieron la fortaleza para dar el siguiente paso.
Querido maestro, comenzó a escribir una larga carta, acabo de conocer a una mujer de la cual creo estar plenamente enamorado, es una dama entregada con buenos modales, de buena familia y si esto no fueran motivos suficientes para darle todo mi cariño sus facciones son la perfección, tiene una cara bonita, un cabello negro sedoso, una cintura estrecha, unas piernas de competencia y una voz angelical.
El problema que tengo maestro, es que ha empezado a preguntar por mi familia y no se como decirle de ellos, quizás se espante y me deje. Una sola duda me corroe y es la que quiere que me ayude a manejarla si le digo todo o mejor me quedo callado.
Déjeme platicarle de mis hermanos y espero que luego de saber de ellos me de su sabia opinión: El primero de ellos, el más grande, decidió dedicarse a la política. Antes era un tipo alegre y más aun era un severo crítico de los hombres del poder, porque únicamente servían al jefe en turno, unos serviles. Se volvió locutor de una televisora local, desde ahí lanzaba su más fuertes dardos de acides critica y a veces cuando salíamos los domingos a comer no faltaban las personas que le pedían un autógrafo o tomarse una foto con él, pero un buen día recibió la maldita tentación y alguien de muy arriba le dijo que podía ser diputado, que su popularidad a cuadro era lo que el partido necesitaba para poder arrasar en las urnas. Así fue, dejó el micrófono, el glamur y pasó a trabajar con líderes de colonias. Al final ganó y se convirtió en la voz del pueblo en el Congreso. Dicen que su carácter cambió un poco, ya no era el hombre sencillo con el cual se podía hablar de manera directa. Para mi seguía siendo el de siempre.
Siempre hubo quien se encargó de endulzarle el oído y de pronto nos avisó que nos portáramos bien, que no lo avergonzáramos, porque sus bonos en la sociedad estaban tan arriba y le habían ofrecido ser presidente municipal de este lugar o del vecino, pero en cualquiera de los dos iba a arrasar. Se fue por la segunda opción y el golpe para la familia fue terrible cuando lo rechazaron en las urnas. Por fortuna regresó a ser diputado.
El hermano que le sigue salió del hogar desde muy chico y pocas veces lo vimos, pero sabemos que se volvió muy rico con decirle que el coche negro que ando manejando me lo regaló él, al igual que la cabaña en la ciudad de Atlixco y una casa en La Vista. Le costó mucho trabajo llegar a ser el segundo en dónde trabaja, porque empezó desde abajo. Con mucho esfuerzo se ganó la confianza de su jefe y en caso de que maten a su jefe o lo agarre la policía puede llegar a ser el mero chingón, perdón por la palabra. Lo único malo es que para tener lo que tiene ha tenido que llevarse a unas cuantas personas al otro mundo. Sus enemigos los han estado deteniendo, como la Barbie y el Grande, pero eso es bueno porque les dejan más mercado. Algunos dicen que mi hermano es narcotraficante, pero en el fondo es una buena persona, lo cierto es que tiene una pistola cubierta de oro y varios diamantes, uno de ellos se lo quitó especialmente para mandar a hacer un anillo de compromiso para cuando vaya a pedir a mi novia. Es a toda madre, aunque casi no lo veo.
Los dos hermanos más son todo un caso. El tercero en el orden prefirió el negocio internacional. Si señor, el se fue a los Estados Unidos de mojado y estuvo trabajando con un tío que se llama Sergio en la comercialización de las verduras hasta que conoció al “jorobado”, un bato con ideas nuevas para mi “bro”. Lo convenció para asociarse en un negocio un poco riesgoso, pero que dejaba muchos billetes verdes. No es tan malo su trabajo, yo hasta creo que hace una especie de labor de ayuda para los paisanos que buscar hacer realidad el sueño americano.
Mi hermano Javier ayuda a los nuestros a pasar del otro lado sin la necesidad de papeles, claro que les cobra una lanita sino de que iba a vivir. Ya metió como a 2 mil personas y ninguna se les ha muerto en el desierto, ni mucho menos los han matado la border patrol. Eso si, han agarrado a varios de sus clientes y los han devuelto a tierra mexicana, pero por tontos porque no han hecho caso al pie de la letra de las instrucciones de mi “bro”. Yo mismo fue con los gringos y hasta los Ángeles llegué para andarme paseando por “universal studios Hollywood”, por Las Vegas, el paseo de las estrellas y comprando en los tiendas que les llaman mall.
Luego sigo yo y el más pequeño es Adrián, pero casi nadie sabe que se llama así, porque su nombre artístico es Brasilia. Cuándo éramos pequeños le gustaba jugar mucho con las niñas y le fascinaba las barbies, mis papás estaban sacados de onda, pero posteriormente se fueron haciendo a la idea de que no era normal y por lo tanto lo tenían que aceptar tal como era.
Por un tiempo estuvo trabajando en la ciudad de México en un show de un travesti que ya falleció y regresó a Puebla, pero no se halló mucho porque a los pocos meses regresó allá en dónde estuvo conviviendo con artistas. No quiero ser indiscreto pero mi hermano tuvo algo que ver con un tal Fabián Lavalle y posteriormente con uno de los de OV7. Lo cierto es que ha tenido suerte con uno que otro. Lo único que no puedo tolerar es su afición a la mariguana, porque ya no puede vivir sin ella y cuando le reclamo esta parte de su vida me dice que es medicinal y él prefiere fumar y volar, que tomar y manejar. Me asegura que no se pretende meter otro tipo de droga, porque prefiere se un mariguano jodido que un pacheco pulido.
Ahora querido maestro, ya que le he descrito a mi familia tengo una gran duda frente a mi nueva novia, tal  como le dije antes. No quiero que se avergüence de mi y por eso voy al grano: ¿debo confesarle a ella que tengo un hermano….que es diputado o no?
Basado en un correo electrónico.
FIN

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