Sus piernas tenían la piel muy pegada y se dio cuenta de ello cuando la vio con aquella minifalda amarilla y no sabía qué llamaba más la atención, si el color de la prenda o lo blanco de su piel. Para ser sincero nunca le importó, porque no pretendía tener a una modelo que sirviera de casting para sus amigos y que las miradas se fueran siempre de su cintura hacía abajo. Ese tipo de mujeres, que se creen guapas, tienen el un complejo de radiador: se la pasan tomando agua todo el día.
Fernando sacó un papel demasiado marcado por las arrugas y le extendió frente a su mirada: Estas notas son solo para agradecerte por los mejores meses de mi vida, quiero que sepas que el año que hemos pasado juntos a sido el mejor, y que has hecho que cada día aprenda a quererte un poco más.
Nunca pensé que podríamos estar juntos por tanto tiempo y ahora que ha pasado un año, creo que es poco comparado con el tiempo que quiero estar a tu lado. Se que este será solo el primero de los muchos que vamos a pasar juntos.
Hay algo que nunca te he dicho, pero que creo que lo sabes. " TE AMO"
Una sonrisa iluminó su rostro y desdobló otra hoja más que imprimió de un correo electrónico que Rebeca le había mandado: Ahora es mas fácil, creo que algo bueno dejan los años y aunque el sentimiento es diferente ahora puedo decirte con libertad y sin pensarlo, que te quiero muchísimo, que fuiste, eres y serás siempre una persona especial en mi vida y que pase lo que pase siempre vivirás en mi corazón.
" TE QUIERO MUCHO "
P.D. Creo que te debo los corazones y todas esas cosas que pone uno en las cartas de amor a los 15.
P.D.2. Un beso.
P.D.3. Te quiero
P.D.4. idem
Fernando observó su reloj y ordenó otro whisky más al mesero mientras doblaba esos recuerdos de juventud, de pronto sintió el peso de una mirada poderosa. Era Karla quien caminaba como reina tomando de la mano a un hombre de mayor edad. Sus botas de cuero hacían juego con su minifalda, su blusa escotada y remataba con su nuevo corte de pelo: fleco amplio, cabello negro planchado y el toque de kelvin Klein.
Fue de las mujeres más guapas que habían pasado por su vida, pero fue un tormento en todos los sentidos y al final se cumplió la profecía de su amigo Ricardo quien le dijo en varios momentos: las bonitas son ingratas, terminan cambiándolo a uno por cualquier wey, porque con sus transparencias, sus escotes, sus cinturones de piel , sus carteras de diseñador famoso, sus pantalones descaderados, sus faldas cortas y sus botas puntiagudas, están dejando asomar un monstruo que tienen bien escondido.
Con Karla tenía un doble papel, el primer ser su novio y segundo ser el guarura, porque hacía pasarela con todo mundo y no faltaba uno que otro lanzado que le mandaba mensajes y algunas reuniones, por su toque coqueto, terminaron en conato de violencia.
Fernando miró nuevamente su reloj, pero aun conservaba la esperanza de ver los ojos de Rebeca, de reconocer su estruendosa carcajada y de escuchar la dificultad para pronunciar la r. Una leve sonrisa enmarcó su rostro al recordar que su familia la ponía a repetir el trabalenguas de erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido ruedan los carros, los carros cargados de ferrocarril.
Hoy más que nunca tenía unas ganas imperiosas de ir a la misa de 10 de la mañana de todos los domingos con el padre Palacios para ver a la niña de ojos claros, dejar aquella fraternidad juvenil, como una especie de universidad gringa extremadamente unida, pero el tiempo estaba en su contra.
El mesero se acercó en cuatro ocasiones más y Fernando comenzó a sentir la incomodidad que acabó por pedir la cuenta.
Los dos tenían una asignatura pendiente.
Subió a su vehículo bicentenario en busca de una música decente y olvidar el mal momento, hacer de su mente la idea de tener nuevamente de cerca a la mujer que en algún momento de su vida lo llenó a plenitud, por la cual lloró horas encerrado en su cuarto para no causar lástima, ni burlas.
Unas nauseas lo invadieron mientras se alejaba del lugar y le provocó el regreso a la realidad, el reencuentro con el hombre de poder, el que toma las decisiones y no se permite espacios de debilidad sentimental como el que había pasado en ese restaurante.
Desde su celular ordenó a su secretaria la cancelación de todas sus citas los tres días siguientes y pidió un vuelo privado a la ciudad de Las Vegas para dos personas, las reservaciones en el Cesar Palas. No era adicto al alcohol, ni a las drogas, menos al juego de azar, pero si de las noches de buen espectáculo y de arte.
Los negocios de las casas de empeño iban bien y por lo tanto se podía dar varios lujos de esos al año. Rebeca tenía su vida establecida en el Distrito Federal con su pareja que la hacía sentirse bien, pero tenía la curiosidad de reencontrarse con Fernando y probar nuevamente sus labios, esos que se estrecharon un poco de más de 20 años atrás.
Los aromas son los primeros que se escapan a la mente, que buscan una salida entre las paredes de las neuronas y se pierden en el tiempo, porque no estamos preparados para ello, sino para los reproches como una forma de protegernos de lo real o de lo imaginario. Por más esfuerzos que hacía Fernando por traer a su olfato esa rara combinación de jazmín y vainilla le era prácticamente imposible y sólo se quedó con la idea de algo excepcional.
Él sabía que sólo era un poco de paciencia felina para que llegara el momento, para dejar atrás las especulaciones y revivir sus momentos de juventud, para cumplir con la asignatura pendiente, el poder acariciar las esa piel blanca y pegada al hueso.
Seis meses más tarde cuando el hombre de negocios y de política acudió a la ciudad de México para atender diversas actividades. Por la tarde tomó el teléfono y le llamó a Rebeca quien por unos segundos desconoció la voz de su anterior amor y luego de varios minutos de conversación acordaron verse en el restaurante del hotel en el que se hospedaba, justo en la avenida Reforma.
Los dos temblaron por la sensación y llegó al límite cuando se encontraron. Un largo abrazo, un beso instintivo en la boca muy ligero fue el sello del instante. Ella tenía una belleza madura deslumbrante y estaba saturada de jazmín-vainilla, una sutil invitación al pecado, a cumplir con la asignatura pendiente. Los dos sabían que esta era la única oportunidad en su vida.
No hubo presiones, ni excusas, falsas posiciones sociales, porque los dos estaban deseosos de conocerse un poco más, aunque fueran veinte años más tarde. Subieron a su habitación y por primera vez sintieron una combinación de pena, deseo, ternura, porque el tiempo había pasado, pero era hoy o nunca.
Cuando el reloj le indicó que ya habían estado una hora en la habitación, Rebeca tomó sus cosas y partió de la habitación, pero antes de cerrar la puerta puso la palma de su mano frente a su boca, tronó un beso y lo sopló para que llegara hasta el hombre de su pasado.
Fernando sintió que el mundo se le venía encima porque en su larga vida sexual jamás había experimentado una disfunción eréctil y después de analizarlo en su rostro se dibujó una leve sonrisa nerviosa y se quedó con la frase que Rebeca le había dejado: quizás lo nuestro no estaba destinado para el placer carnal, sino para algo superior que se lleva en el corazón y en la mente, eso que va a perdurar hasta nuestra muerte.
Fin
Fernando sacó un papel demasiado marcado por las arrugas y le extendió frente a su mirada: Estas notas son solo para agradecerte por los mejores meses de mi vida, quiero que sepas que el año que hemos pasado juntos a sido el mejor, y que has hecho que cada día aprenda a quererte un poco más.
Nunca pensé que podríamos estar juntos por tanto tiempo y ahora que ha pasado un año, creo que es poco comparado con el tiempo que quiero estar a tu lado. Se que este será solo el primero de los muchos que vamos a pasar juntos.
Hay algo que nunca te he dicho, pero que creo que lo sabes. " TE AMO"
Una sonrisa iluminó su rostro y desdobló otra hoja más que imprimió de un correo electrónico que Rebeca le había mandado: Ahora es mas fácil, creo que algo bueno dejan los años y aunque el sentimiento es diferente ahora puedo decirte con libertad y sin pensarlo, que te quiero muchísimo, que fuiste, eres y serás siempre una persona especial en mi vida y que pase lo que pase siempre vivirás en mi corazón.
" TE QUIERO MUCHO "
P.D. Creo que te debo los corazones y todas esas cosas que pone uno en las cartas de amor a los 15.
P.D.2. Un beso.
P.D.3. Te quiero
P.D.4. idem
Fernando observó su reloj y ordenó otro whisky más al mesero mientras doblaba esos recuerdos de juventud, de pronto sintió el peso de una mirada poderosa. Era Karla quien caminaba como reina tomando de la mano a un hombre de mayor edad. Sus botas de cuero hacían juego con su minifalda, su blusa escotada y remataba con su nuevo corte de pelo: fleco amplio, cabello negro planchado y el toque de kelvin Klein.
Fue de las mujeres más guapas que habían pasado por su vida, pero fue un tormento en todos los sentidos y al final se cumplió la profecía de su amigo Ricardo quien le dijo en varios momentos: las bonitas son ingratas, terminan cambiándolo a uno por cualquier wey, porque con sus transparencias, sus escotes, sus cinturones de piel , sus carteras de diseñador famoso, sus pantalones descaderados, sus faldas cortas y sus botas puntiagudas, están dejando asomar un monstruo que tienen bien escondido.
Con Karla tenía un doble papel, el primer ser su novio y segundo ser el guarura, porque hacía pasarela con todo mundo y no faltaba uno que otro lanzado que le mandaba mensajes y algunas reuniones, por su toque coqueto, terminaron en conato de violencia.
Fernando miró nuevamente su reloj, pero aun conservaba la esperanza de ver los ojos de Rebeca, de reconocer su estruendosa carcajada y de escuchar la dificultad para pronunciar la r. Una leve sonrisa enmarcó su rostro al recordar que su familia la ponía a repetir el trabalenguas de erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido ruedan los carros, los carros cargados de ferrocarril.
Hoy más que nunca tenía unas ganas imperiosas de ir a la misa de 10 de la mañana de todos los domingos con el padre Palacios para ver a la niña de ojos claros, dejar aquella fraternidad juvenil, como una especie de universidad gringa extremadamente unida, pero el tiempo estaba en su contra.
El mesero se acercó en cuatro ocasiones más y Fernando comenzó a sentir la incomodidad que acabó por pedir la cuenta.
Los dos tenían una asignatura pendiente.
Subió a su vehículo bicentenario en busca de una música decente y olvidar el mal momento, hacer de su mente la idea de tener nuevamente de cerca a la mujer que en algún momento de su vida lo llenó a plenitud, por la cual lloró horas encerrado en su cuarto para no causar lástima, ni burlas.
Unas nauseas lo invadieron mientras se alejaba del lugar y le provocó el regreso a la realidad, el reencuentro con el hombre de poder, el que toma las decisiones y no se permite espacios de debilidad sentimental como el que había pasado en ese restaurante.
Desde su celular ordenó a su secretaria la cancelación de todas sus citas los tres días siguientes y pidió un vuelo privado a la ciudad de Las Vegas para dos personas, las reservaciones en el Cesar Palas. No era adicto al alcohol, ni a las drogas, menos al juego de azar, pero si de las noches de buen espectáculo y de arte.
Los negocios de las casas de empeño iban bien y por lo tanto se podía dar varios lujos de esos al año. Rebeca tenía su vida establecida en el Distrito Federal con su pareja que la hacía sentirse bien, pero tenía la curiosidad de reencontrarse con Fernando y probar nuevamente sus labios, esos que se estrecharon un poco de más de 20 años atrás.
Los aromas son los primeros que se escapan a la mente, que buscan una salida entre las paredes de las neuronas y se pierden en el tiempo, porque no estamos preparados para ello, sino para los reproches como una forma de protegernos de lo real o de lo imaginario. Por más esfuerzos que hacía Fernando por traer a su olfato esa rara combinación de jazmín y vainilla le era prácticamente imposible y sólo se quedó con la idea de algo excepcional.
Él sabía que sólo era un poco de paciencia felina para que llegara el momento, para dejar atrás las especulaciones y revivir sus momentos de juventud, para cumplir con la asignatura pendiente, el poder acariciar las esa piel blanca y pegada al hueso.
Seis meses más tarde cuando el hombre de negocios y de política acudió a la ciudad de México para atender diversas actividades. Por la tarde tomó el teléfono y le llamó a Rebeca quien por unos segundos desconoció la voz de su anterior amor y luego de varios minutos de conversación acordaron verse en el restaurante del hotel en el que se hospedaba, justo en la avenida Reforma.
Los dos temblaron por la sensación y llegó al límite cuando se encontraron. Un largo abrazo, un beso instintivo en la boca muy ligero fue el sello del instante. Ella tenía una belleza madura deslumbrante y estaba saturada de jazmín-vainilla, una sutil invitación al pecado, a cumplir con la asignatura pendiente. Los dos sabían que esta era la única oportunidad en su vida.
No hubo presiones, ni excusas, falsas posiciones sociales, porque los dos estaban deseosos de conocerse un poco más, aunque fueran veinte años más tarde. Subieron a su habitación y por primera vez sintieron una combinación de pena, deseo, ternura, porque el tiempo había pasado, pero era hoy o nunca.
Cuando el reloj le indicó que ya habían estado una hora en la habitación, Rebeca tomó sus cosas y partió de la habitación, pero antes de cerrar la puerta puso la palma de su mano frente a su boca, tronó un beso y lo sopló para que llegara hasta el hombre de su pasado.
Fernando sintió que el mundo se le venía encima porque en su larga vida sexual jamás había experimentado una disfunción eréctil y después de analizarlo en su rostro se dibujó una leve sonrisa nerviosa y se quedó con la frase que Rebeca le había dejado: quizás lo nuestro no estaba destinado para el placer carnal, sino para algo superior que se lleva en el corazón y en la mente, eso que va a perdurar hasta nuestra muerte.
Fin
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