sábado, 2 de abril de 2011

De marimbista a millonario

El viaje a Puebla en autobús, largo y tedioso como el noticiero vespertino de AM, provocaba las más incomodas posiciones, una nalga al aire, otra el tierra, cambio de nalga, meterse el dedo en la nariz, pegar la cara grasosa en la ventana y dejar la huella, ver la luces que se quedaban en la encrespada montaña y recordar a la familia, pero con la esperanza de regresar más adelante en vehículo propio.

En la terminal lo esperaba su hermano mayor para llevarlo, en el transporte público, al departamento que rentaban en las Hadas. Modestia de migrantes, de una familia sin alcurnia, sin herencias mayores, más que la educación y las ganas de ver progresar a sus pequeños.

La universidad pública era sólo el camino para lograr los objetivos finales. Era necesario tener algo de plata para salir adelante de la apretada situación que vivían y que mejor que buscar el apoyo de los paisanos. La realidad estaba enfrente con sus cornadas avasalladoras y atrás estaban las tardes de correr por el potrero o de ir a darse un chapuzón en las aun vírgenes playas con sus esteros, respirar un aire húmedo, limpio y juguetear con las aguas saladas para concluir el día con un vaso de leche de la ordeña matutina.

Puebla era ahora el lugar en dónde tendrían que caminar, en donde dejaría huella para bien o para mal. El destino lo puso en el camino de Saulberto, un músico de manos de seda, de destreza portentosa, que arrancaba los más delicados tonos a la marimba y encantaba al estilo flautista de Hamlet. Hacia chillar esas teclas salidas de una madera especial llamada hormigo. Las característica principales que conlleva al uso en la fabricación de este instrumento musical son la facilidad de trabajar en ella, la dureza y resistencia a los golpes, y la producción natural de un sonido peculiar. A medida que pasan los años esta madera obtiene un color más brillante y una resistencia contra el agua.

Saulberto lo adoptó como su pupilo y a pesar de su torpeza por mover las manos lo incursionó en su arte y al poco tiempo era parte del espectáculo y se presentaban, vestidos de guayabera y pantalón blanco, en las fiestas particulares. Las fotos mostraban al estudiante con su mejor sonrisa.

El tiempo se encargó del destino y el mismo lo premió.

La ilusión cumplida. Dos camionetas Cadillac último modelo se aproximaron al pueblito que lo vio partir en un autobús y en una de ellas el aprendiz de marimba convertido en un exitoso funcionario y empresario con su escolta para que nada le pase y nada le falte.

Las voces curiosas necesitaban saber cómo le había hecho en tan poco tiempo para construir una ilusión en una fortuna que le daba la comodidad de ser un apostador de gallos, comprador de caballos finos y tener a su disposición mujeres rubias y altas, exquisito gusto nocturno que lo mataba.

El sazón de la lengua blanda siempre ha sido el ron y el chofer se dejó llevar por este ablandador y con su conversación se convirtió en el centro de atención de quienes lo querían escuchar, es más le demandaban saber la historia del paisano exitoso para ser el ejemplo de propios y extraños.

Le apuró a su copa y su pasmosa pero efectiva voz delató el secreto de su jefe… el efectivo es su hermano que tiene una buena posición en el gobierno y lo ha colocado en los lugares claves, en donde ha sido un chingón y va a ser mejor si se le hace, porque su carnal está fuerte para la grande.

Deleitó, embrujó, cautivó con la conversación y al día siguiente tenía la cruda moral de haber hablado de más. Quiso en el fondo de su corazón no haber mencionado las pláticas de su jefe en la camioneta cuando ordenaba las comisiones para la compra material, la carne, las liberaciones, las mujeres que pedía para sus ratos de placer, los excesivos gastos en los restaurantes y el respeto que supuestamente había generado hacia su persona sólo por ser el hermano de aquel, el que todo acalla con el dinero y las presiones, del que sólo se tiene que hablar bien, porque tiene la venia bendita.

Quiso también no haber desembuchado los regaños del hermano mayor que le pedía prudencia para no afectar el proyecto, de no acosar a su personal a quien ya la tenía en la mira e incluso le había invitado, en varias ocasiones, a salir, una de ellas en el vehículo oficial, y a pesar de que no cumplía con la estatura requerida si era del color de piel que le fascinaba, de llevarla al restaurante La Silla de la Juárez y esperar que los whiskys le ayudaran a bajarle las estrellas, meta que se quedó en el cajón de los fracasos.

También quiso no haber comentado de los encargos especiales que le llegaban a su jefe, los que amenizaban las noches de humo y exquisitas alucinaciones.

Quiso muchas cosas y todas se le cumplieron, porque nada de eso contó y sólo algo superficial de lo cual toda la región sabía… que su jefe era el producto de la buena estrella de su hermano y de su propia habilidad para sacar provecho de las situaciones.

Lo demás quedó en el laberinto de las malditas especulaciones que sólo tratan de manchar la excelente imagen de personas como el marimbista convertido en millonario, quien a base de talento, honestidad, pulcritud, fidelidad se han ganado lo que tiene.

Por eso que se mueran los feos y que viva la buena estrella.

FIN

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