sábado, 2 de abril de 2011

La última y nos vamos

Para Aleida, que siempre la llevo en el corazón y es la
guardiana del buen nombre de la familia, de doña Yola

Los dedos le temblaban como una gelatina, se resbalaban como la mantequilla en sartén entre las curvas casi perfectas de Laura quien disfrutaba con los ojos cerrados para darle más intensidad a la cascada de emociones que se arremolinaban desde su vientre en todos los sentidos.

Los ojos parecían desorbitarse con la entrega puesta sobre la mesa de parte de los dos, quienes encontraron en el vehículo el mejor espacio para desatar sus pasiones y justo cuando estaban a punto de lo mejor la escena de la película se cortó, como para evitar más morbo entre los menores de edad que apenas están conociendo el juego del amor y el significado de tantas cosas picantes.

Dejé la comodidad de la cama para trasladarme a un espacio con más aire y menos paredes que en esta época del año parecen ser una extensión del refrigerador a todas horas, como si fuera una venganza por los múltiples clavos que le he incrustado para colgar una serie de crucifijos que se han convertido en una pasión desde hace varios años, junto con los sombreros.

Una fila de hormigas hacían su rudo trabajo, similar a un sistema comunista, todas trabajaban en igualdad de condiciones para llevar el alimento. Caminaban hacia un extremo del jardín en donde se perdían en un agujero mínimo, exclusivo para el paso de ellas con su carga al lomo, si es que las hormigas tienen lomo.

La hamaca que compré a orilla de la laguna del Tejocotal aun estaba entre mis propiedades útiles y desde ahí seguía el paso de las hormigas, además es escuchar las alocadas canciones de mis vecinos, quienes son una verdadera amalgama de ridiculeces musicales.

En fin, es la última y nos vamos.

Uf, un años de muchas experiencias, de gratitudes con mis amigos y de quien me da la oportunidad de publicar éstas líneas.

La política no me ha dejado decepcionado, varios años metido en estos vericuetos me han enseñado que quienes decepcionan son las personas que tratan manejar los intereses colectivos para volverlos en una parcela de poder.

No es ningún secreto para mis amigos de que nunca estuve de acuerdo con la imposición del candidato a gobernador por el tricolor, porque nunca me dejé llevar por la ola de adulaciones que crearon, otra vez, desde el poder para sus fines perversos: una especie de perpetuidad mal entendida. Sus negativos eran mucho más que los positivos y eso siempre lo supimos los que basamos el estudio de la política a partir de los números reales, no fingidos. Sin embargo también lo he externado que no fue culpa del personaje de origen chiapaneco, que en lo personal lo he visto como un buen operador –un destacado vendedor de productos, no un buen producto para vender- sino de quien lo alentó, lo impulsó, lo creo y finalmente lo desbarrancó.

Yo no soy un galán de telenovela, pero si existe una fila de mujeres que me adulen –porque así se los ordenaron- con mentiras y digan que soy el más guapo a la vuelta de la esquina lo estaré creyendo con los ojos cerrados. Eso mismo le sucedió, pero en el plano político al candidato fallido del tricolor. Lo hubieran dejado madurar por algunos años más.

Un emperador de papel de china fue el causante, el que traicionó la admiración que se había ganado antes de que le detectaran su padecimiento letal: soberbia.

Por su parte el candidato ganador se encargó de ir juntando los enconos provocados por los excesos del poder y llegó en el momento justo. Hoy tiene en su espalda un cargamento de expectativas que beneficien a Puebla, tan castigada por la falta de visión de futuro.

El poder sin límites se encargó de cerrar el paso al grupo alterno dentro del mismo tricolor –con el cual simpatizo- con una fuerza desmedida que sólo lo podemos platicar quienes lo vivimos, pero a pesar de ello siempre estuvimos en el ánimo de la población y fuimos merecedores –no se en que medida- del espacio de los medios de comunicación, a quienes agradezco de todos corazón el apoyo que me brindaron para hacer mi trabajo y ponerme una pequeña estrella en la frente.

Mi columna, que siempre buscó ser un distractor de la mente malsana, ha sido una oportunidad de manipular las teclas de la computadora para formar relatos con una chispa diferente y que busca convertirse en un pequeño libro para el próximo año.

A todos los que en algún momento me han leído mi gratitud por siempre, a mi amigo Isaac Mendoza por permitirme seguir robando un espacio en su portal. A todos los que, parafraseando a Joaquín López Dóriga voluntaria o involuntariamente, han sido la inspiración de la columna.

A Erika, por aguantar mis presiones y obligarla a leerme cada martes aun en contra de su voluntad. La de los ojos de mar.

Mientras espero el próximo año, del cual siempre tengo ceñidas mis esperanzas, aunque el presente me quedó a deber un poco, seguiré disfrutando del exquisito frío que invita al no menos delicioso café, a la aproximación de los cuerpos y a la elevación de las oraciones por un mejor mañana.

Por cierto, cada año he tratado de buscar el manual de las mujeres, pero siempre fracaso y si algún día la Profeco extiende su dominio a este ámbito tendría que inmovilizar a las damas por no contar con su instructivo de uso.

Este es la última y nos vamos. Felices fiestas y si toman cerciórense de no amanecer en colchas ajenas con la clásica frase que sale entre los labios resecos: ¿dónde estoy?, porque pueden ser motivo de una relato en el futuro.

FIN

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