Su vecino pasaba por una tragedia sentimental y en sus paredes retumbaban las canciones de Javier Solís y que dedo dime entonces tu abandono
. Y hoy me mata de tristeza tu actitud. Inundaba el ambiente de composiciones trágicas como para que los demás se enteraran de sus problemas de corazón, de cuando su esposa lo dejó, lo abandonó de la noche a la mañana y se convirtió en un solitario, traumado, encerrado en el alcohol. Encontró, sin que lo supiera, lástima de todos, porque pasó de ser un hombre que maltrataba sicológicamente a su mujer a la víctima de sus abusos.
Javi había preferido preocuparse por sus propios problemas y sólo esperaba el momento trágico de que el vecino tomara una pistola para volarse la tapa de los sesos, acabar con su tragedia y dejar en paz al vecindario, quienes ya estaban hartos de sus exabruptos y el escándalo con su música de adolorido, de atormentado.
Una mañana dejó de ocuparse en los conflictos de su vecino y empezó a preocuparse por sus propios problemas que amenazaban con convertirse en un tejido fuerte difícil de romper que lo podía envolver en una cascada de escándalos mediáticos, porque las amenazas estaban cerca.
Los ojos de Javi se habían envejecido como su pelo que había perdido, desde varios años atrás, la queratina que le daba el negro brilloso para dejarlo en entrecano. Las preocupaciones habían hecho lo suyo en esa persona de estatura superior a la de los demás que conoció el buen nivel de vida cuando apostó su escaso capital político a uno de los personajes que prometía ser el heredero de Benito Juárez y terminó como uno de los más odiados de la comarca.
Los cielos tenían algunos nubarrones en los últimos días, ya no resplandecía como cuando todos los hombres del caballero chiquito caminaban orondos en espera de la adulación de todos los que querían estar cerca del poder, los que regalaban una mirada a los ojos como máxima cortesía.
Esa tarde de vientos fríos subió a su camioneta cuatro por cuatro y se perfiló al oriente de la ciudad. Manejó lento por el camino de terracería hasta llegar a la parte más alta del fraccionamiento de Las Haras y obsequió una mirada a la ciudad que en unas horas se perdería en la inmensidad de la noche alumbrada por antorchas artificiales. Siguió el camino polvoso hasta llegar a una caseta de vigilancia de la cual se asomó un hombre cubierto por una chamarra amarilla demasiado gruesa, pantalón de mezclilla y una gorra. Ofreció una sonrisa cuando lo reconoció.
- Que tal licenciado, perdón no lo reconocí, se disculpó
- No te apures Jacinto, yo también ando un poco distraído, necesito que me ensilles un caballo para ir a cabalgar un rato.
- Claro que si señor, ayer por la noche vino el patrón y vino con la señorita, pero se fueron como a las dos horas, informó el vigilante quien se encargaba de atender las tres residencias campestres establecidas a la orilla de un lago artificial.
-
Javi les estaba quitando emoción a lo que pasó en si vida y en su recuerdo solo quedaban las mujeres rubias altas, una que otra fuera de este esquema, con las que tuvo algún momento de intercambios de calores, de olores y de sabores. Los flashazos estaban ahí llenos de fortaleza dejándose llevar por la inercia que da el poder y sus favorables consecuencias.
Apenas ayer podía vivir con un sueldo exiguo para dar lo elemental a la familia, pero la estrella comenzó a brillar cada vez con más intensidad y los bienes materiales se incrementaron de manera extremosa, junto con los placeres de la carne a la cual ya empezaba a acostumbrarse.
A lomo de la yegua recorría, quizás por última vez, su hermoso territorio. La amenaza estaba presente como una espada a punto de caer en el cuello, en la sala de ejecuciones y a pesar de mostrar en público una seguridad inusual en el fondo tenía un temor inmenso en pisar la cárcel, de ser acusado de varios delitos relacionados con el abuso del poder.
Por un instante se puso en la situación de su vecino tan desesperado por cuestiones amorosas, encerrado en su cuarto oscuro escuchando la música más lastimera que pudiera encontrar bebiendo a solas cantidades industriales de ron barato para huir de una realidad que le había dado la cara amarga. Sin embargo con un poco de paciencia y de amor propio podría salir a delante, mejorar su semblante, su carácter, su vida y encontrar a una mujer, más joven quizás, quien sustituya a su esposa que lo abandonó llevándose a los tres hijos que concibieron en los momentos de amor y pasión. Su vecino, si la depresión no lo orillaba a tomar esa pistola escuadra que tenía en su recámara, tendría algunos meses para cambiar de vida con la posibilidad de encontrar un mejor futuro con más emociones que le hagan palpitar más aprisa su corazón.
A Javi le quedaba una salida para poder disfrutar toda la riqueza que había acumulado, pero la pregunta que se hacía es cómo asegurar los lingotes de oro que había colocado en el fondo de su cisterna, cómo evitar que se perdieran, que se los robaran. Una leve sonrisa trató de iluminar su rostro al recordar las ocasiones cuando los whiskys se le subían a la cabeza y prendía la iluminación subterránea para ver el reflejo del oro mesclada con el agua que lo cubría.
Luego de los momentos de reflexión llegó a la sala de su hermosa residencia campestre, fue directamente a la cantina muy bien surtida y destapó una botella de Buchanan 12 años, del refrigerador extrajo tres hielos y sirvió un abundante chorro de licor. Se aplastó en el sillón largo y observó su espacio: una casa construida en cuatro niveles, cuatro recámaras, pisos de mármol, techo de madera y teja, decorada al estilo minimalista, con una amplia chimenea, una alberca en la parte posterior rodeada de jardín. Todo ello logrado por el beneficio del magnánimo poder que estaba a punto de fenecer y con ello las amenazas de pisar la cárcel.
A bordo de su vehículo todo terreno color verde olivo inició un recorrido que habría de durar varios días por los lugares que tanto le habían gustado desde su niñez, como las chalupas de San Francisco, los esquites y el chilatole del barrio de El Carmen, los menyules de la cantina de La Opera, el caldo de camarón de El Paisa, los tacos de carne asada de prolongación reforma, los pozoles de Matamoros, los molotes de La Libertad, las sangrías de la güera y no podían faltar las cemitas de pata del mercado Acocota.
La decisión que había estaba madurando por varios años ya estaba tomada para seguir los pasos de un líder minero: llegar a las tierras de la hoja de maple justo una semana antes de concluir su gestión. La inversión que había hecho en ese país por fin valdría la pena y podría habitar permanentemente la casa adquirida un año antes, en una de las ciudades más bonitas y frías de ese país.
El vecino borracho, melancólico y sumido en sus tristezas de corazón no volvería nunca a molestarlo con sus canciones de Javier Solís tocadas a todo volumen Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies, para poderte demostrar que más no puedo amar y entonces morir después sombras nada más acariciando mis manos.
FIN
Javi había preferido preocuparse por sus propios problemas y sólo esperaba el momento trágico de que el vecino tomara una pistola para volarse la tapa de los sesos, acabar con su tragedia y dejar en paz al vecindario, quienes ya estaban hartos de sus exabruptos y el escándalo con su música de adolorido, de atormentado.
Una mañana dejó de ocuparse en los conflictos de su vecino y empezó a preocuparse por sus propios problemas que amenazaban con convertirse en un tejido fuerte difícil de romper que lo podía envolver en una cascada de escándalos mediáticos, porque las amenazas estaban cerca.
Los ojos de Javi se habían envejecido como su pelo que había perdido, desde varios años atrás, la queratina que le daba el negro brilloso para dejarlo en entrecano. Las preocupaciones habían hecho lo suyo en esa persona de estatura superior a la de los demás que conoció el buen nivel de vida cuando apostó su escaso capital político a uno de los personajes que prometía ser el heredero de Benito Juárez y terminó como uno de los más odiados de la comarca.
Los cielos tenían algunos nubarrones en los últimos días, ya no resplandecía como cuando todos los hombres del caballero chiquito caminaban orondos en espera de la adulación de todos los que querían estar cerca del poder, los que regalaban una mirada a los ojos como máxima cortesía.
Esa tarde de vientos fríos subió a su camioneta cuatro por cuatro y se perfiló al oriente de la ciudad. Manejó lento por el camino de terracería hasta llegar a la parte más alta del fraccionamiento de Las Haras y obsequió una mirada a la ciudad que en unas horas se perdería en la inmensidad de la noche alumbrada por antorchas artificiales. Siguió el camino polvoso hasta llegar a una caseta de vigilancia de la cual se asomó un hombre cubierto por una chamarra amarilla demasiado gruesa, pantalón de mezclilla y una gorra. Ofreció una sonrisa cuando lo reconoció.
- Que tal licenciado, perdón no lo reconocí, se disculpó
- No te apures Jacinto, yo también ando un poco distraído, necesito que me ensilles un caballo para ir a cabalgar un rato.
- Claro que si señor, ayer por la noche vino el patrón y vino con la señorita, pero se fueron como a las dos horas, informó el vigilante quien se encargaba de atender las tres residencias campestres establecidas a la orilla de un lago artificial.
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Javi les estaba quitando emoción a lo que pasó en si vida y en su recuerdo solo quedaban las mujeres rubias altas, una que otra fuera de este esquema, con las que tuvo algún momento de intercambios de calores, de olores y de sabores. Los flashazos estaban ahí llenos de fortaleza dejándose llevar por la inercia que da el poder y sus favorables consecuencias.
Apenas ayer podía vivir con un sueldo exiguo para dar lo elemental a la familia, pero la estrella comenzó a brillar cada vez con más intensidad y los bienes materiales se incrementaron de manera extremosa, junto con los placeres de la carne a la cual ya empezaba a acostumbrarse.
A lomo de la yegua recorría, quizás por última vez, su hermoso territorio. La amenaza estaba presente como una espada a punto de caer en el cuello, en la sala de ejecuciones y a pesar de mostrar en público una seguridad inusual en el fondo tenía un temor inmenso en pisar la cárcel, de ser acusado de varios delitos relacionados con el abuso del poder.
Por un instante se puso en la situación de su vecino tan desesperado por cuestiones amorosas, encerrado en su cuarto oscuro escuchando la música más lastimera que pudiera encontrar bebiendo a solas cantidades industriales de ron barato para huir de una realidad que le había dado la cara amarga. Sin embargo con un poco de paciencia y de amor propio podría salir a delante, mejorar su semblante, su carácter, su vida y encontrar a una mujer, más joven quizás, quien sustituya a su esposa que lo abandonó llevándose a los tres hijos que concibieron en los momentos de amor y pasión. Su vecino, si la depresión no lo orillaba a tomar esa pistola escuadra que tenía en su recámara, tendría algunos meses para cambiar de vida con la posibilidad de encontrar un mejor futuro con más emociones que le hagan palpitar más aprisa su corazón.
A Javi le quedaba una salida para poder disfrutar toda la riqueza que había acumulado, pero la pregunta que se hacía es cómo asegurar los lingotes de oro que había colocado en el fondo de su cisterna, cómo evitar que se perdieran, que se los robaran. Una leve sonrisa trató de iluminar su rostro al recordar las ocasiones cuando los whiskys se le subían a la cabeza y prendía la iluminación subterránea para ver el reflejo del oro mesclada con el agua que lo cubría.
Luego de los momentos de reflexión llegó a la sala de su hermosa residencia campestre, fue directamente a la cantina muy bien surtida y destapó una botella de Buchanan 12 años, del refrigerador extrajo tres hielos y sirvió un abundante chorro de licor. Se aplastó en el sillón largo y observó su espacio: una casa construida en cuatro niveles, cuatro recámaras, pisos de mármol, techo de madera y teja, decorada al estilo minimalista, con una amplia chimenea, una alberca en la parte posterior rodeada de jardín. Todo ello logrado por el beneficio del magnánimo poder que estaba a punto de fenecer y con ello las amenazas de pisar la cárcel.
A bordo de su vehículo todo terreno color verde olivo inició un recorrido que habría de durar varios días por los lugares que tanto le habían gustado desde su niñez, como las chalupas de San Francisco, los esquites y el chilatole del barrio de El Carmen, los menyules de la cantina de La Opera, el caldo de camarón de El Paisa, los tacos de carne asada de prolongación reforma, los pozoles de Matamoros, los molotes de La Libertad, las sangrías de la güera y no podían faltar las cemitas de pata del mercado Acocota.
La decisión que había estaba madurando por varios años ya estaba tomada para seguir los pasos de un líder minero: llegar a las tierras de la hoja de maple justo una semana antes de concluir su gestión. La inversión que había hecho en ese país por fin valdría la pena y podría habitar permanentemente la casa adquirida un año antes, en una de las ciudades más bonitas y frías de ese país.
El vecino borracho, melancólico y sumido en sus tristezas de corazón no volvería nunca a molestarlo con sus canciones de Javier Solís tocadas a todo volumen Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies, para poderte demostrar que más no puedo amar y entonces morir después sombras nada más acariciando mis manos.
FIN
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