Goodnight my angel, time to close your eyes
and save these questions for another day…
Más que los ojos de Gobea le llamaba la atención su cuello alto y delgado, excitante en muchos de los momentos. Sus dientes se mostraban bajo esa sonrisa llena de picardía.
Él había llegado del vecino estado a establecer su futuro, a tratar de conquistar si no el mundo, quizás si a Gobea. Una elección un poco distinta lo que su familia tenía en mente, pero era quien le permitiría parte de sus locuras juveniles, de cama, de sexo, de liberación.
De atractivo medio tenía una similitud a Fernando Allende y otros más le comparaban con un cantante de rancheras, el más clásico de todos por su versatilidad también como actor en diversas cintas como “los tres García”, sólo que sin el menor atino de lo que es cantar. Desafinado, tardío y gritón.
-Hoy hay fiesta en el depa- extendió la invitación su paisano y vecino de toda la vida, desde los cuatro años.
- ¿Ya invitaste a Gobea?-
- No mames, te estás clavando sólo te vas a quemar cabrón- recriminó su vecino.
- No chingues, tampoco es para tanto sólo es pasar un rato ¿a poco no quieres clavar otra vez?
Los paisanos fueron puntuales. Ron en la mesa, hielo en el refri, agua mineral, refresco de cola, cigarros y condones, por aquello de las malditas enfermedades que aparecen hasta en las cositas más refinadas. Cositas que siempre les daban placer.
La frase que le encantaba escuchar de Gobea era su clásica: a mi no me des explicaciones, a mi dame placer.
Esos tragos relajaban el ambiente y el cuerpo. Con su paisano tenían toda clase de ilusiones, de ser gente importante en la sociedad, de aparecer en las revistas poblanas, de influir en la política. La realidad venidera no sólo lo complació, sino que lo abrumó, lo atiborró hasta descubrir sus gustos por los buenos caballos pura sangre, los buenos viajes y viejas no tan viejas.
Esas fiestas eran exquisitas y las fotos, que siempre gustaban conservar para las anécdotas juveniles, lo decían todo. Quizás en algún baúl arrumbado se encuentren las placas que se tomaban.
Los invitados extras se despidieron. Gobea y los paisanos, ya con la sensación de libertinaje que da el alcohol, demandaron el espacio de la unión carnal.
El rito era necesario: desarmar, desarmar y desarmar.
El Fernando Allende de la aldea le hizo la señal para retirarse al cuarto. Gobea obedeció y en la intima intimidad se despojó de sus textiles, se tendió en la cama. Él introdujo la película tres equis en la videocasetera para iniciar el desarme y también se quitó la camisa color rosa que le ajustaba todo el cuerpo y dejar al descubierto la faja que se ponía para lucir más esbelto.
Las manos se fueron al pecho con los delicados, pero excitantes, pellizcos.
Se dejó desarmar y ayudó en lo que más pudo.
El miembro se puso duro.
Las manos se fueron como imán hacia el órgano que se había petrificado.
Las escenas de la película, esas posiciones de 45 grados viendo hacia el Nepopoalco, excitaban más a Gobea.
Las manos se movían lentamente, con ritmo, con cadencia.
Las manos ahora se movían con más intensidad.
Las manos ahora se alteraban y extremaban su ir y venir.
Las manos ahora sentían ese líquido caliente.
Gobea se había venido. Gobea estaba desarmado.
- Perdóname que te de la espalda, dijo en tono irónico Gobea al acomodarse al filo de la cama.
El Fernando Allende de la aldea inició el rito sexual, rito que había practicado desde hacía varias años con la finalidad, según él, para demostrar su hombría y no por ser homosexual.
Si sólo das y no te dan no eres puto, acaso mayate, reflexionaba en sus círculos cercanos al justificar sus relaciones poco ortodoxas.
Después comprendió que el secreto radica en aprender a olvidar los hechos del pasado que lo van carcomiendo y nublan la razón. El pasado es sólo para una autoevaluación. Lo más importante del poder es dominar las emociones, porque éstas nublan la razón.
Muchos años después entendí porque se tenía que desarmar al que recibe y es por una simple lógica sexual: si no lo desfogas antes se corre el peligro de que no sólo quiera recibir, sino dar y esas ya son puterías.
Por eso antes mayate que homosexual.
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