jueves, 30 de septiembre de 2010

Pimpón es un muñeco muy...


Su mamá le sirvió una taza de café humeante y le advirtió que estaba muy caliente para que no se quemara la lengua, porque era muy molesto hablar con una irritación. Ese día era uno especial, porque tendría que hilar varias ideas de manera consecutiva y por lo tanto era necesario, urgente, obligatorio un café bien cargado para despertar la inteligencia, esa que a veces hiberna más del tiempo adecuado.
Sus cabellos castaños debían estar bien alienados y para eso estaba dispuesto el último cargamento de gel que su mamá había comprado en wall mart. El bebé debería estar listo para la toma de protesta como el candidato a diputado. Los arañó por varios años, meses, días y la divina democracia lo había elegido con el dedo santo que lanza un as de luz.
No ere necesario pasar el rastrillo sobre su tersa piel, cuidada por cremas nocturnas para eliminar la impurezas del día y otra para evitar las arrugas, porque tuvo la suerte de ser lampiño de la cara y por lo tanto se ahorró 2 mil 500 pesos de la depilación laser. Un niño metrosexual debe tener en la mente este tipo de requerimientos.
Pimpón se miró al mirror (espejo para los mortales) se vio más guapo que nunca. Ese día estaba radiante y sólo tenía al sol como sombra, pero era algo menor. Abrió el cajón de los zapatos, se rascó la cabeza con el índice derecho y por fin decidió seleccionar los negros de punta, esos que lo hacían ver más sexi que de costumbre. Al  menos así lo pensaba y estaba seguro de ello y uno que otro amigo se lo repetía al oído.
Observó el traje azul marino con unas delicadas rayas blancas que estaba a punto de estrenar para tan memorable momento de su vida política. Siempre soñó este momento, pero nunca lo logró en el partido político en donde nació y en un ataque de oportunidad emigró al espacio en donde los bonitos tienen más futuro.
Se enfundó el traje…mmm, la corbata era algo esencial y tenía que ser sutil, muy sutil y acorde a su nueva ideología. Un verde claro era adecuado, porque además resaltaban sus ojos aceitunados  enmarcados por unas cejas bien delineadas y más de uno podría apostar que eran producto de una depilación.
“That handsome I am”, sacó su gran expresión frente al mirror, cuando terminó el rito de la preparación y se dijo listo para conquistar al mundo. Ah, el toque de olor a fresco se lo dio la fragancia de azaro, que le había regalado un amigo muy cercano en el pasado cumpleaños que festejaron en Acapulco, en donde los excesos eran parte de la agenda del día.
Tres días antes el panorama era totalmente distinto. Unos nubarrones opacaban su cielo lindo. Inició su preocupación cuando le avisaron que tendría que estar listo para la tomar de protesta como candidato.
Oh que voy a hacer, se quejó por teléfono con su amigo porque las finanzas personales estaban tan críticas que no alcanzaban para comprar un traje decente y la tarjeta de crédito estaba sobregirada. El cochinito había sido sacrificado en días anteriores y por lo tanto nada había en el corral.
Metido en su pijama de ositos daba vueltas en su cuarto buscando la solución más prudente, porque lo más fácil era llamar cualquiera de sus patrocinadores y pedirles 15 mil pesos para comprar un traje y reponerlos en cuanto llegaran los recursos del  partido, pero eso estaba prohibido por principios básicos. Que dirían los Limantur o los Rivadeneira si se enteraran de que no tenía ni para los calzones.
Una lista imaginaria surgió con mucho trabajo, porque lo suyo no era ejercitar demasiado las neuronas que estaban acostumbradas a la pasividad del glamur. Su ritmo de vida anterior era aparecer en las revistas de moda con la camisa abierta y mostrando el escapulario o la cruz de madera rodeado de amigos de buen talante.
Durmió poco, el sueño se le escapó como el humo de las chimeneas, porque donde se iban las ideas y se dispersaban en el inmenso cielo y jamás volvían a reunirse para concretarse y ser uno sólo.
Que horror fue a la mañana siguiente cuando se miró al mirror y bajo sus ojos aceitunados se pudo observar, más firmes que nunca, unas ojeras indignas de su rostro. Ese tono oscuro lo mataba y lo orillaba a la depresión ordinaria.
Por la noche acudió a una cena con sus demás pares. Su caminar era apresurado porque su reloj siempre estaba retrasado y tenía la maldita costumbre de llegar tarde a sus citas. Abrió discretamente la puerta del salón y saludó al dirigente estatal del partido y se acomodó en una esquina. La rueda mental giraba en un solo tema: el traje, el traje, el traje.
La pregunta del coordinador de la mesa lo sorprendió, lo regresó al mundo terrenal.
-          Y tu candidato como vas ¿cuál es tu planeación?
-          Este…aun no tengo nada, pero ya me la están terminando, mintió.
-          Pues ya era hora de tener la estrategia, porque los tiempos te pueden ganar, lo reprendió discretamente el líder.
-          Si, si, mañana te la mando a tu correo para que la revises. Sin falta la tienes.
Salvó la noche y por el momento su mente divagó en otros asuntos que no fuera la ropa que debía portar para la toma de protesta. Ordenó al mesero un refresco de dieta, unos camarones con poca grasa. Al llegar a casa calentó leche y la endulzó con miel natural para poder conciliar el sueño en esta ocasión.
Un antifaz para dormir con iones lo espera encima de la almohada. Este nuevo gagdet estaba especializado para abatir las ojeras y dar un descanso total a los ojos, según rezaba la publicidad en inglés.
A la mañana siguiente mamá lo despertó nuevamente con el humeante café que inundó de ese exquisito toque toda la habitación. Sus bellos ojitos vieron la luz del día  y se sorprendió de amanecer tal lúcido, porque ya había encontrado la solución para comprar el tan añorado traje.
En la ducha, con el shampo de manzanilla en la cabeza, ensayaba el diálogo para pedirles a sus dos amigos el patrocinio del traje. Si había convencido a los de su partido que era la mejor carta para la diputación sólo era un espacio de humildad para demandar un favor más.
Por la noche ya estaban en el recorrido de las tiendas y la urgencia lo había convertido en un manojo de nervios. Se decidieron por Suburbia de Reforma. Se probó varios y sus amigos le recomendaron el azul marino, la camisa blanca y él determinó el color de la corbata.
Uf, si que había sido una tarde agitada y había perdido hasta el apetito que resurgía con fuerza. De regreso a casita se detuvo en el mcdonald´s, fue directamente al baño a lavarse las manos y entabló comunicación mental con el mirror para definirse cada día más bonito.
No tenía la menor duda, estaba destinado para lo grande y no tuvo empacho para tener un acto de humildad y ofrecer, en un acto de campaña, una noche con cualquiera de ellas si votaban por él.
“Si votan por mi, estoy dispuesto a acostarme con cualquiera de ustedes”. Las señoras del sur no sabían si reir o llorar.

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