jueves, 30 de septiembre de 2010

Voy a contar hasta tres

La locura es el estado más tranquilo;
Vivamos pues, la locura en paz.

Moy, Moy, te digo que vengas, ayúdame a sacar a este borracho del barranco, que no ves que se está ahogando en su propio vómito. Maldita sea, si su madre lo viera se volvería a morir y yo que de taruga me hice cargo de él, todo por ser su madrina de bautizo. Moy te digo que te apures, porque el infeliz se está ahogando en sus porquerías.
Por algo Dios hace las cosas, por eso no me dio un hijo para no estar sufriendo en carne viva las tonterías de los escuincles que ya se sienten hombrecitos. ¿Acaso no te apiadas de mis lágrimas, de mí padecer? Ya veo que no, porque no paras de vomitar, hasta pareces la fuente del parque, pero que diablos tomaste ya ni puedes contestar, estás todo atolondrado. Hijuepucha de quien te sonsacó ¿acaso están acá contigo?
 Así ninguna mujer te va a querer, te van a dejar lueguito en cuanto te empieces a empinar el maldito veneno que vende Don Ponciano. Pero reacciona hombre que aun te falta mucho por vivir, la hija de Don Juan está rete chula, esa te conviene, es muy modosita y entendida. Moy, hasta pareces sordo que no vienes a ayudarme. Mira hijo ya empapaste todo mi delantal y ni así paras de vomitar, si pudiera ir por un te de epazote zorrillo a lo mejor te componías o de a perdis sacabas agua de la boca, no que pura cosa verde estar arrojando, como si fueras gato que tragó mucho pasto para que no le duela la panza.
Hay Dios mío que hago con este chamaco, tu bien sabes que no es malo, es un poco atarantado, pero no le hace daño a nadie. Y yo que tengo la esperanza que éste escuincle me cuide y me entierre en los limones junto a mi viejo, así como va me va a dejar que me coman los perros, porque ya ni zopilotes hay por aquí para que se apiaden de mi.
Moy, por el amor de Dios dónde te has metido, de seguro también te estás embruteciendo con tu aguardiente y yo en esta barranca que parece boca de lobo, como si nos estuviera tragando el demonio.



Ya no tiembles mijo, ahorita viene Moy y nos va a ayudar y te vamos a llevar con don Herminio, ese tiene muchas curas para estos males, nomás salimos de este agujero y te subo al burro para llegar más rápido. A lo mejor colgado ya no te ahogas con tu vómito. Pero quién te dijo que te tomaras esas porquerías.
A ver ¿que te dio valor para hacer semejantes barbaridades?, si tu eres rete miedoso, si todavía recuerdo cuando te ibas a acurrucar entre mis brazos al oír las pisadas de las mulas que pasaban por el empedrado  y decías que era el demonio que se había convertido en mitad caballo y en mitad hombre. ¿Te acuerdas cuando saliste corriendo rumbo a las marraneras, porque viste unas mulas en la oscuridad que se acercaban a la casa y decías que era el demonio que venía por ti? Sólo eran las bestias de Don Abel que llegaban a los lavaderos a comerse el jabón de pan.
Hay mijo que voy a hacer contigo, si ya ni te quieres mover para ayudarme a sacarte de aquí, que no te compadeces de mi artritis, de mis dolores de huesos y aquí el frío que me cala hasta los dientes. Muévete tantito y mañana te mato una gallinita para hacerte un caldo y ahí remojas tus tortillitas como tanto te gustan, pero yo no puedo sola contigo. Y yo que salí a las prisas para venirte ayudar, hasta el chal se me olvidó en la cocina.
Que dirá tu madre desde el cielo que no te cuido bien, que te estás pareciendo el holgazán de tu padre. Lo sabes bien, el infeliz abandonó a mi pobre hermana por la Lupe cuando tú ya estabas en su vientre. Dicen que lo enyerbaron, porque se puso como loco y nadie pudo ponerlo en sus cabales y hasta le pegó a tu madre a lo mejor por eso saliste medio atarantado y con la cabeza con tantos chipotes. Pero ya deja de vomitar que te vas a vaciar.
Mira, aquí está el perro que te regaló la güerita y está moviendo la cola para que  vayas a jugar con él al río de Comaltepec, en la poza del jarrito que tanto te gusta aventarte de clavados. Si ahí no te has ahogado, cuantimenos de tu propio vómito.
Anda mijo, ya no me hagas sufrir más, que no ves que ya estoy vieja para aguantar tus tarugadas. Moy, ¿dónde andas?, que no ves que te necesito.
Voy a contar hasta tres, ya no me hagas sufrir que tu madre me está viendo desde el cielo.
FIN.
Esta historia no tiene nada
de real, cuantimenos  política,
es parte de una imaginación rural.
El relato está dedicado a mi madre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario