jueves, 24 de marzo de 2011

La revolución de los huevos tibios

Manuel se levantó agitado, porque su sueño fue invadido por serpientes de diferentes tamaños. Varias de ellas estaban muertas con sus carnes expuestas sin piel, en descomposición, pero las vivas tenían una actitud amable con él, sin agresiones, ni ataques. Por la tarde acudió a una feria y el primer stand con el que se topó fue de víboras, varias de ellas sumamente venenosas, además de una pitón amarilla colgada del cuello de uno de los cuidadores con que cual entabló un breve diálogo. Le contó de su sueño y recibió un consuelo, porque mientras no ataquen significa un buen augurio.

En su celular recibió varias llamadas telefónicas para expresarle su apoyo y las expresiones de “tu eres el bueno, estamos contigo, no nos vayas a fallar” se repetían en varias ocasiones, lo cual le llenaba de orgullo al provocar tantas simpatías, por encima de las antipatías.

La cita de la noche fue en el restaurante del hotel del centro de la ciudad, tapizada por un manto tenue de neblina y unas chispas de gotas, esas que pueden pasar inadvertidas, pero con una exposición continua provoca una buena empapada. La expresión de la abuela siempre era la más acertada de entre todas: es una lluvia mojapendejos.

Manuel pidió un café caliente y pan de dulce mientras esperaba a uno de los empresarios más prominentes de la zona, quien estaba dispuesto a aportar parte de su capital económico para empezar la revolución en contra del famoso dedazo, de la imposición.

- Que gusto Manuel, te veo muy bien y creo que las cosas irán mejor, expresó el hombre corpulento de sombrero.
- Gracias Gerardo, creo que en esta ocasión nadie nos las gana, tenemos todos los elementos a nuestro favor, porque la gente ya está cansada de las imposiciones.
- Inche Manuel, ahora si estamos cerca ya tengo a varios ganaderos de la zona que se la van a jugar con nosotros, también hay un gran número de líderes con quien he platicado y ven bien el proyecto.

A los cincuenta y seis minutos terminaron la plática con mucho entusiasmo. Manuel se subió a la camioneta Lobo de don Gerardo y recibió una bolsa de papel para pan con varios billetes de quinientos pesos adentro. Era una “mojadita de labios” para iniciar la revolución en contra de la imposición del centro para poner candidato a presidente municipal.

A la mañana siguiente acudió a una entrevista de radio en la estación local. Llegó con el control de la situación, saludó amablemente al auditorio y se hizo portavoz de muchas voces inconformes por el manejo de la situación política de su partido, en donde uno sólo toma las decisiones por las mayorías y éstas tienen que sucumbir a acciones cupulares.

Posteriormente a las once de la mañana se presentó ante todos los medios regionales para retirar su postura, porque estaba dispuesto a ser el salvador de la democracia: “nuestro partido no debe continuar secuestrado por un grupo, porque de lo contrario jamás existirá inclusión de todas las corrientes que lo conforman”.

Los miembros de la sociedad serrana estaban conociendo una nueva forma de realizar política, porque estaban seguros de que detrás de este hombre había una muy bien cimentada coherencia política e incluso se escuchan versiones en el sentido de que “ese Manuel tiene muchos huevos”.

El tiempo de la campaña siguió viento en popa, porque más expresiones se sumaban, en la plena oscuridad, al proyecto del hombre valiente que tenía los pantalones para enfrentarse al poder local y centralista que determinaba quien asumía el poder, como una concesión dado únicamente a los dioses y su manto celestial.

En la lista aparecían varios aspirantes al puesto más cotizado de la zona, pero el tiempo de tomas de decisión estaba a un mes y media, tiempo necesario para que el comité central del partido explorara capacidades y talentos de los aspirantes al poder.

Manuel entró en una etapa de fortaleza verbal en cada reunión que le organizaban sus seguidores y adquiría más fuerza, situación que llegó a preocupar a los oficialistas de la zona.

La mañana del miércoles, el gran dador reunió a líder y le dijo que era momento de designar candidato en el municipio de la sierra norte, que le presentara toda la lista de los aspirantes.

- A ver mi líder, quienes son estos, demandó el gran dador.
- Son seis los que están en la puja, pero el más rebelde y que nos puede causar problemas es un tal Manuel.
- Muy bien, de los demás quién es el más pendejo.
- Es este señor, señalando el tercero de la lista.
- Muy bien, líder pues ese será el candidato y el que coordinará toda la campaña será Gabriel Estrada, mi compadre.
- Si señor como usted diga, pero que hacemos con Manuel está muy embravecido, como gallina con huevo quebrado: de un lado para otro.
- No te preocupes por él, sabrá apoyarnos yo me encargo de eso, tu prepara la toma de protesta del candidato. “Cuándo has visto que se pueda hacer un taco con una tostada”.

Manuel sintió que un torbellino lo envolvía y con el coraje encima aseguró a sus compañeros que jamás aceptaría la decisión, que haría todo lo posible por descarrilar este tren de la imposición y más por haber elegido al más pendejo de todos. Escupía lumbre.

Tres días antes de la unción del candidato, Manuel recibió la llamada del gobernador y atento escuchó la voz pasiva y terminó con un: “si señor, lo haré por usted. Mañana mismo hago pública mi declinación.”

El hombre que prometió una revolución democrática programó unas vacaciones, pagadas por el erario, en las playas de Acapulco para empollar la “revolución de los huevos tibios” para otros momentos.

FIN

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