sábado, 2 de abril de 2011

¿Metrosexual o bonito?

El humo del café se desplazaba de forma descompuesta provocado por una corriente de aire que se colaba a través de una rendija de la puerta mal cerrada y en el centro de la sala volaban tres insectos en forma siempre circular sin dar pie a un descanso como si tuvieran miedo a posarse en algún mueble. Las cortinas de la ventana frontal tenían una ligera mancha apenas perceptible pero Cintia sufría de una exagerada limpieza en casa y de inmediato las cambio por unas recién salidas de la lavadora con olor a lavanda. No quería dar una mala impresión a la visita que estaba a punto de llegar por ella para ir a bailar.

Ella se colocó un vestido escotado, blanco en la parte del pecho y el resto negro, con un bolero para cubrirle un poco la espalda y unas zapatillas negras recién estrenadas. Estaba radiante de belleza con esos labios que invitaban a caer en ellos a la menor provocación.

Cintia con sus más de 35 años sabía manejar las primeras citas, porque siempre mostraba una hermosa sonrisa enseñando la dentadura en reparación, coronada por unos fierros. Sus ojos claros como el mar irradiaban luz propia y casi siempre celebraba las ocurrencias de su interlocutor dejando una imagen inusual, como la mujer que todo hombre deseaba tener.

Sin embargo ella escondía el cisne negro detrás de la pantalla que vendía a la perfección, pero también era siniestra porque la vertía lentamente, gota por gota, sin que la víctima se diera cuenta de ello y cuando los tenía en la mano era demasiado tarde para ellos. Dejaba esa actitud que celebraba todo para ofrecer un discurso de confusión en el cual sacara la mejor parte. Una maestra en la manipulación.

Cintia tomó la llamada en su celular y reconoció la voz de Ricardo quien le informó que estaba a una cuadra de su casa que la esperaba en la puerta, porque el tiempo les estaba comiendo. Cosa rara que ella estuviera en espera, porque su peculiaridad era llegar siempre con retraso a toda actividad, pero como era su primera salida con ese hombre tenía que mostrar una careta más que tenía almacenada en su armario.

El caballero de la noche le esperaba con la puerta abierta del automóvil negro modelo reciente, cuidó que el vestido no quedara aprisionado al cerrarla. Tomó el volante con cierto nerviosismo y le ofreció sus más delicados comentarios en referencia a su belleza a la noche de estrellas. Sus palabras tenían como destino ir tendiendo la alfombra roja por la cual tendrían que transitar hasta la habitación de su departamento de la zona de Angelópolis.

Ricardo condujo durante veinticinco minutos hasta llegar a un salón social de Zavaleta en donde se llevaría a cabo una cena de beneficencia a favor de una asociación de apoyo a personas con cáncer y demostró un gran dominio en la escena saludando a casi la mayoría de los asistentes. Cintia disfrutó el gusto por ese ambiente, pero también cierto temor porque presentía que podía fallar por primera vez en el control con un hombre, porque si apretaba de más corría el peligro de asfixiar.

En una de las mesas dos camaradas de la política platicaban de las elecciones pasadas en donde el candidato oficial, el impuesto por el defenestrado gobernador en turno, perdió y uno de ellos se atrevió a decir que su jefe político, un senador nacido en la zona de Serdán, les ordenó formarse pero en ningún momento les dio la indicación de marchar. Es decir únicamente fueron parte de la simulación, la verdadera.

En otra, más adelante, estaban charlando en torno a las perspectivas del nuevo gobierno, de la alianza que estaba haciendo con una televisora nacional y de sus alcances para impulsar imágenes con miras a otros momentos electorales de mayor alcance.
Cintia y Ricardo tomaron asiento en una de las mesas centrales que estaban adornadas por tres manzanas rojas que servían de base para un ramo de claveles rojos. Esperaron pacientemente al nuevo presidente municipal que llegó con varios minutos de retraso para iniciar la ceremonia y posteriormente pasaron a la ligera cena.

El resto de la noche estaba destinada para bailar al ritmo de un grupo de música lenta, pero con una excelente voz. La pareja aprovechó el momento para ofrecer sus mejores pasos y demostrarse uno al otro que tenía la chispa perfecta para encajar en una relación romántica.

Cerca de las tres de la mañana fue el espacio para despedirse de las personas que aun disfrutaban de la noche que amenazaba con alargarse una hora más, pero ellos decidieron dar paso a la intimidad.

Mientras el acomodador de autos iba en buscar del vehículo ella se le colgó del cuello para que apreciara una de sus cualidades regaladas por la naturaleza, pero él se deslizó ligeramente aprovechando la presencia de uno de los invitados que se disponía a retirarse.

Los whiskys habían alejado la timidez en Cintia y estaba dispuesta a seducir a ese hombre de la nueva generación, uno de los muchos integrantes del gobierno, que lucía seguro de si mismo, porque en ningún momento de la noche dio un espacio para las intensiones relacionadas con las sábanas.

Llegaron al departamento de Cintia y lo invitó a tomar una última copa. Quería aprovechar los últimos momentos para afinar su plan para llevarlo a la cama y amarrarlo. Su belleza estaba a la vista y no quería desaprovecharlo, además de tener un futuro político serio.
Al tercer sorbo no aguantó más la tentación y se le lanzó sin miramientos pero sólo encontró un rechazo una y otra vez hasta que Cintia se desmoronada al grado que unas lágrimas le acompañaron.

- Yo sólo quería pasar una excelente noche contigo, musitó
- Y la hemos pasado, pero hay gustos que no podemos compartir.
- Que me quieres decir, ¿acaso no te parezco atractiva o estoy pasada de moda?
- Jamás, eres maravillosa pero… espero que entiendas mis gustos, son distintos a los demás.
- Creo que empiezo a entender…
-
Sólo en ese momento entendió que no era un metrosexual, sino…

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